Familias con fundamentos

Una fe que sustenta

La Biblia dice que Noé tuvo una fe que condenó al mundo: “Por la fe Noé cuando fue advertido por Dios por las cosas que aún no se veía, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de justicia que viene por la fe” Hebreos 11:7

La fe de Noé era una fe que sustentaba. El Diccionario dice también de la palabra sustento como sinónimos; “mantenimiento, alimento, conjunto de cosas necesarias para vivir. Lo que sirve para sustentar, sostener o apoya”. Noé tenía ese tipo de fe que sostiene.

Noé fue advertido de cosas que aún no se veía, este pasaje resalta su fe. El no lo veía, no había antecedentes de un diluvio; de hecho, posiblemente nunca había llovido en la tierra hasta ese entonces (Gn. 2:5,6). Aún así Noé le creyó a Dios contrayendo un arca lejos de aguas navegables y siendo objeto de burlas, y posiblemente gastando todo su dinero en ese llamado.

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La vida loca.

“Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Por que como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” Mateo 24:37,39. Por estas palabras proféticas de Jesús es importante saber cómo eran los “días de Noé” y más aún quién era y cómo era la fe de Noé.

Noé fue el último de los diez descendientes de Set tercer hijo de Adán y Eva. Set era hermano de Caín y de alguna manera remplazó a su hermano asesinado Abel que era un hombre justo por su fe (He. 11:4). De Set, ascendiente de Noé, la Biblia también dice que con él “empezaron los hombres a invocar a Jehová” (Gn. 4:26).

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El llamado que estoy haciendo va mucho más allá de llenar nuestras iglesias o volver a gente de otra religión en “evangélicos”, el llamado que hago y el desafío que tenemos es de ganar almas para el Reino de Dios y que estas personas tengan una verdadera experiencia de conversión y arrepentimiento como fruto de un verdadero encuentro con Jesús a través de la Palabra de Dios. Ya lo dijo el apóstol Pedro en el libro de Hechos 3:19: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; y para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”. Creo que el mensaje del evangelio y su puesta en práctica es la única opción para un cambio real como sociedad.

Nosotros como líderes de la iglesia tenemos que saber más que está pasando allá fuera de nuestras iglesias, como vive la gente el día a día y cómo podríamos afectar su día a día.

Una mañana escuchando las noticias en una radio el conductor del programa (uno de los más influyentes de los medios) contó una anécdota que me hizo reflexionar. Dijo que bien temprano a la mañana se encontró en un parque con un hombre que le saludó y después de entregarte su tarjeta personal le dijo que estaba deprimido y que ese mismo día se suicidaría. El conductor de radio contó que aunque la apariencia de ese hombre era la de una persona normal él no le tomó muy en serio pero después pensó que a esa altura de la mañana ya se podía haberse suicidado y el aún no hizo nada y dijo al aire a su secretaria: “acá está la tarjeta que me dejó, denle a un psicólogo e inmediatamente que se le llame a este señor”. ¿Por qué en vez de llamar a un psicólogo no pidió llamar a un pastor?, esto es algo que debería de llamarnos la atención y preocuparnos pues nos consideramos, y de hecho lo somos, mensajeros de esperanza y reconciliación con Dios.

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