Transformando generaciones


Hay un impacto inmediato que tiene una sola persona sobre cuatro generaciones.
Conocí a un hombre alcohólico de 35 años que tiene un padre alcohólico de 58 años y un abuelo de 79 años también alcohólico y este hombre de 35 años tiene un hijo de 15 años de edad que se está iniciando al consumo excesivo de alcohol. Acá ya tenemos tres generaciones destruidas  y una por destruirse y empezando a caminar en el patrón de vida pecaminoso de su padre y abuelos. En forma directa una persona puede llegar a tener ochenta descendientes en tres generaciones y aun estar vivo.

Un ejemplo de este tipo de influencia lo vemos en la vida de un hombre llamado Jonathan Edwards, famoso predicador norteamericano del siglo dieciocho, y su esposa, Sara. Ellos dejaron un legado increíble basado en su influencia. Entre sus descendientes se cuentan: Trece presidentes de universidades. Sesenta y cinco profesores universitarios. Cien abogados, incluyendo el decano de una facultad de derecho. Treinta jueces. Sesenta y seis médicos, incluyendo el decano de una escuela de medicina. Más de cien predicadores y misioneros. Ochenta funcionarios públicos en cargos de influencia, entre ellos: tres senadores federales, tres alcaldes de ciudades importantes, tres gobernadores, un vicepresidente de los Estados Unidos y un director del Tesoro de los Estados Unidos.

Ahora veamos lo que fue de la vida de Matt Juds. Fue un hombre golpeador de su mujer y de sus hijos, vicioso y promiscuo, un vago borracho, pendenciero. De su descendencia se supo que trescientos diez fueron vagos que fueron mantenidos por el gobierno, siete fueron asesinos, ciento cincuenta estuvieron involucrados en algún tipo de delincuencia, cien alcohólicos y doscientas prostitutas.

Si nosotros vivimos una vida sin Dios llena de pecado podemos heredar a nuestros hijos el hábito de pecar y los antivalores y una vez que ellos pequen se activan esas maldiciones por el derecho legal ya que cada uno peca por su propia voluntad (Stg. 1:12-15). Algunas de estas herencias pueden ser el alcoholismo, vicios, adulterio, promiscuidad, divorcios, violencia y sus consecuencias; enfermedades, división, embarazos no deseados, pobreza, abortos, hogares disfuncionales, complejos emocionales, apatías, etc.

Dios dice que ninguna maldición viene sin motivo en Proverbios 26:2 dice: “Como el gorrión en su vagar,  y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa”.

Una persona puede estar tan corrompida en su mente y emociones por culpa del pecado que podría llegar a amar la maldición Salmo 109:17 dice: “Amó la maldición,  y ésta le sobrevino; Y no quiso la bendición,  y ella se alejó de él”.

¿Cómo uno puede llegar a este punto? No amando la verdad. 2 Tesalonicenses 2:10-13 dice: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden,  por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso,  para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad,  sino que se complacieron en la injusticia”.

Dios nos llamó para que heredásemos bendición. 1 Pedro 3:9-13 dice: “no devolviendo mal por mal,  ni maldición por maldición,  sino por el contrario,  bendiciendo,  sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal,  y haga el bien; Busque la paz,  y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño,  si vosotros seguís el bien?”

Timoteo es un ejemplo de un joven impactado por su generación. Era de madre judía y padre griego, no sabemos mucho de su papá, tal vez era pagano porque no se le nombra como una influencia en su fe, pero si a su madre y abuela 2 Timoteo 1:3-5 “Doy gracias a Dios,  al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia,  de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte,  al acordarme de tus lágrimas,  para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti,  la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice,  y estoy seguro que en ti también”.

¿Por qué dijo Pablo que tenía una fe no fingida? Hechos 16:1,2 “Después llegó a Derbe y a Listra;  y he aquí,  había allí cierto discípulo llamado Timoteo,  hijo de una mujer judía creyente,  pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio”. El “buen testimonio” de Timoteo demostraba su “fe no fingida”.

Y esto es así. En el libro de Hebreos 11:1,2 dice: “Es,  pues, la fe la certeza de lo que se espera,  la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”.

Vemos entonces que una fe genuina produce necesariamente buenos frutos. El mismo Santiago en su carta nos dice que “la fe sin obras es muerta” (Stg. 2:17) Vivir una supuesta fe sin las consecuencias naturales de buenas obras y bendición es una fe falsa o muerta que no sirve absolutamente para nada.

Vemos como la “fe no fingida” de la abuela de Timoteo produjo una fe verdadera en la madre de Timoteo y ésta en su hijo que llego a ser un sucesor del gran apóstol Pablo. Tu fe no fingida transformara tus generaciones y te dará hijos extraordinarios.

¿Cómo puedo lograr esto? Tenemos que tomar algunas medidas: En primer lugar volvernos a Dios de todo corazón buscar al Espíritu Santo y conocerlo todos los días, tenemos que pedir Su ayuda y creer en oración. En segundo lugar hay que leer y estudiar la Biblia todos los días. La Biblia es nuestro alimento de fe “así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Ro. 10:17). Y en tercer lugar tener un “primer anillo”, un grupo selectos de amigos firmes en la fe a quienes podamos confiar nuestras luchas y buscar en ellos alientos para seguir firmes en nuestra vida espiritual.

Hay un tipo de generación que Dios quiere levantar las cuales tienen ciertas características y esas características las encontramos en el libro de Salmo 24: 3-6; “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación. Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob”

En el capítulo 24 del libro de Josué podemos ver al pueblo de Israel en la misma disyuntiva que vivimos hoy y el gran guerrero del pueblo de Dios Josué declara en el verso 15 la decisión que él tomó y la cual yo también tomaré. No sé qué decisión tomará usted pero yo ya he tomado la mía y es esta: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” Josué 24:15

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