La vida loca.

“Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Por que como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” Mateo 24:37,39. Por estas palabras proféticas de Jesús es importante saber cómo eran los “días de Noé” y más aún quién era y cómo era la fe de Noé.

Noé fue el último de los diez descendientes de Set tercer hijo de Adán y Eva. Set era hermano de Caín y de alguna manera remplazó a su hermano asesinado Abel que era un hombre justo por su fe (He. 11:4). De Set, ascendiente de Noé, la Biblia también dice que con él “empezaron los hombres a invocar a Jehová” (Gn. 4:26).

Entre esos diez ascendientes de Noé también aparece otro justo llamado Enoc (Gn. 5:22-24) Enoc fue un profeta y se lo nombra en el libro de Judas verso 14 diciendo: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él”

¿A quién profetizó esto Enoc?, evidentemente lo hizo a la generación de Noé, pues él y muchos ascendientes de Noé muy posiblemente estaban aún vivos en los años antes del diluvio. Este es un dato importante para entender cómo era la generación pre-diluviana a la que, según Jesús, serán muy parecidas las generaciones previas al final de los tiempos. En Mateo 24:37,39 nos dice: “Más como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Por que como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre”

Jesús nos proporciona aún más datos: era un tiempo donde la sociedad se volcaba a los deleites y gozaban de cierto confort y prosperidad, a esto se refiere “…comiendo y bebiendo y casándose y dando casamiento”, vivían de una manera intensa y despreocupada en lo concerniente a los designios de Dios ya que también dice que esa generación, la última antes del diluvio, no era consciente de su pecado ni del juicio que venía sobre ellos; “y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (v. 39). Y ese estilo de vida desenfrenado lo llevaron “…hasta el día que Noé entró en el arca” (v. 38).

Cuando Noé nació ya la maldad era tal en la tierra que era insoportable vivir en ella siendo una persona justa, el pecado ya estaba legalizado y culturizado en medio de aquellas generaciones. Ya los mismos padres de Noé,  estaban cansados de tanta corrupción. Esto lo vemos en Génesis 5:29: “y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo”. El padre de Noé, Lamec, había profetizado sobre su hijo.

El nombre mismo de Noé refleja dos cosas: primero lo profético del nombre, significa “alivio”, “descanso” o “consuelo” y segundo nos muestra lo cansado que estaban los padres de Noé de vivir en medio de aquella generación tan corrupta. La Biblia también nos da más datos, era una época en que “se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia” (Gn. 6:11), era un tiempo de mucha violencia e inseguridad.

Evidentemente Noé nació en días donde la corrupción moral del mundo antediluviano había llegado a su colmo. En Génesis 6:5 dice “… que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. O sea, todo el día y todos los días pensando solamente en cómo lograr lo que querían  a costa de perjudicar a su prójimo. Era un “todos contra todos”. Una generación de “tiburones” buscando devorar al más débil.

Algunas fuentes extra bíblicas nos dan también datos de cómo vivía aquella sociedad. Era una época donde el comercio era intenso, muchos descubrimientos, inventos, muchos viajes, la gente se mudaba constantemente, se estaban levantando muchas construcciones enormes. También era una época de matrimonios múltiples, la gente comenzó a romper las reglas del matrimonio con una sola persona (Gn. 4:19), muchísimo paganismo, idolatría y brujería (esto se sabe por los restos arqueológicos). Fiel reflejo de la sociedad actual.

De alguna manera podemos decir que Noé vivió en una época donde cualquiera podía hacer cualquier cosa y nadie le señalaría. Podían pervertirse, ser violentos, sensuales, promiscuos, codiciosos, y nadie les diría nada porque era totalmente normal. Nadie hubiera dicho nada a Noé si él satisfacía abiertamente sus deseos pecaminosos, pero aún así el no abandonó su fe ni sus convicciones que era lo que sustentaba su integridad.

Veamos cómo vivía Noé y su familia. Dios lo describe como un “varón justo, era perfecto en sus generaciones” y dice que “con Dios caminó Noé” (Gn. 6:9) evidentemente tenían un estilo de vida dependiente de Dios y eso se veía Pero lo más importante es que “Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Gn. 6:8) o sea, su fe y sumisión hicieron posible que fuera escogido como instrumento de salvación. Cuando recibió la orden de construir el arca la Biblia dice que:”hizo todo conforme a lo que Dios le mandó” (Gn. 6:22) era un hombre de fe y también un siervo obediente y activo, trabajador.

Según el Diccionario Ilustrado de la Biblia la expresión “perfecto en sus generaciones” significa “maduro delante de sus contemporáneos”. Noé era un hombre maduro de carácter, era equilibrado, sobrio, disciplinado, con dominio propio, fe firme, pacífica y todas las características de una persona centrada y madura. Un hombre que no tiene un carácter maduro es todo lo contrario; violento, iracundo, descentrado, indisciplinado desequilibrado, caprichoso, inconstante, promiscuo (sin dominio propio), sensual o dominado por sus paciones y sus instintos sin convicciones y sin “innegociables” o principios en su vida.

En Génesis 6:3 vemos que a pesar de la ira de Dios contra esa generación y habiendo ya decretado un juicio, aún así también dio un periodo de gracia: “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años”. Estos ciento veinte años de tiempo hasta terminar de construir el arca fueron un periodo de gracia para la humanidad pecadora, un tiempo para que se vuelvan de sus malos caminos.

Muchos creerán que Noé era un constructor o carpintero, pero la Biblia nos dice a que se dedicaba Noé, él era un predicador. Veamos lo que dice 2 Pedro 2:5: “y no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos”

Teniendo en cuenta este dato, de que Noé era un predicador y de que Dios estableció ciento veinte años de gracia mientras duraba la construcción del arca para que Noé aproveche y advierta a su sociedad del juicio de Dios y viendo que estos, como dijo Jesús en Mateo 24:38, 39 que “no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (v. 39) y ese estilo de vida desenfrenado lo llevaron “…hasta el día que Noé entró en el arca” (v. 38) podemos ver que era una generación que tenía un rechazo a la predicación fuerte.  No entendieron ni quisieron entender la advertencia de Dios a dejar ese estilo de vida y volverse a Él.

La predicación de Noé era fuerte, igual a la de su bisabuelo Enoc, él predicaba claro, directo, hablaba las cosas por su nombre, confrontaba el estilo de vida de su época y fue rechazado y motivo de burla de sus contemporáneos.

El Dr. DeHaan hizo este comentario: “Señalamos otra vez la analogía de estos días a los días de Noé. En el centro del capítulo 24 de Mateo, Jesús dice que como eran los días antes del diluvio, así también sería el tiempo de Su venida. Seguramente los días de Noé antes del diluvio eran días de gran engaño. A pesar de la poderosa predicación de Enoc y Noé, el mundo no quiso creerles a estos predicadores; y cuando llegó el diluvio, solo hubo ocho personas salvas”.

Vivimos en tiempos como los de 2 Timoteo 4:3: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” Mucha gente hoy se paran en muchísimos pulpitos para decir solo cosas que el oído del pueblo quiere escuchar pero hay muy poca enseñanza bíblica sólida y un llamado a una vida santa, apartada del pecado.

Esto ha llegado a tal extremo que hasta se han levantado teólogos que ponen en cuestionamiento las Escrituras declarándolas mito o “teólogos” que han llegado al extremo de no aceptar la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:13, 14) ni la existencia de Dios.

Ahora bien, ya hemos visto como era la sociedad en que vivió Noé y como vivía la gente de su época y la relación que tiene con la sociedad actual, pero, ¿quiénes son los “Noé” de hoy?.

Continúa en la segunda parte…

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