Día 1
Día 1 de 7 13 de julio

Mirá bien cómo estás antes de creer que estás bien

Hay una pregunta que casi nadie se hace en serio: ¿cómo estoy yo realmente? No cómo estoy de trabajo, no cómo estoy de plata, no cómo estoy de salud. Cómo estoy yo, por dentro, delante de Dios. Y lo más peligroso no es no saber la respuesta. Lo más peligroso es creer que ya la sabés, y estar equivocado.

Jesús le escribe a una iglesia en Apocalipsis 3. Una congregación real, con gente real, que se reunía, oraba, daba sus ofrendas. Una iglesia que tenía recursos, influencia, historia. Y el Señor les dice algo que les tenía que caer como un balde de agua fría: «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente». No les dice que son malos. No les dice que son pecadores notorios. Les dice algo peor: que son tibios. Que no sirven para nada. Que los va a vomitar.

Ahora, ¿qué significa ser tibio? Acá el contexto histórico es clave. La ciudad de Laodicea estaba ubicada entre dos ciudades vecinas. Hierápolis tenía aguas termales calientes, curativas, la gente iba de lejos para sanar sus enfermedades de piel. Colosas tenía aguas frías, puras, para beber directo del manantial. Pero las aguas que llegaban a Laodicea por los acueductos recorrían tanta distancia que llegaban tibias, nauseabundas. No curaban a nadie. No refrescaban a nadie. No servían para nada.

Eso era esta iglesia para Jesús. Y lo más grave no era que fueran tibios. Lo más grave era que no lo sabían. Ellos decían, miren lo que dice el texto: «Yo soy rico, me he enriquecido y de ninguna cosa tengo necesidad». No tengo necesidad de nada. Estoy bien. Y el Señor les responde: no sabés que sos un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Una de las cosas más difíciles para nosotros es vernos como realmente somos. Y cuando no tenemos esa capacidad, nos volvemos rápidos para juzgar a otros y muy lentos para juzgarnos a nosotros mismos. Muy asertivos para ver el error ajeno, y muy creativos para justificar el propio. Si alguien tiene mal carácter, decimos que es una persona amargada. Si somos nosotros, somos personas de carácter fuerte que no se dejan pisotear. Siempre tenemos una manera de disfrazar lo que somos.

"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis ansiedades. Fíjate si voy por un camino que te ofende y guíame por el camino eterno."

Salmos 139:23–24 · NVI

David era un hombre de quien Dios dijo que tenía un corazón igual al suyo. No porque fuera perfecto, porque no lo era. Cometió errores terribles. Pero era un hombre sincero, abierto, que no necesitaba que le dijeran mucho para reconocer su propio error. Y aún así, ese hombre, ese hombre que amaba a Dios con toda profundidad, tuvo que orar de esta manera: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y conoce mis pensamientos, y ve si hay en mí camino de perversidad, y llévame en el camino recto». Si David necesitó pedirle eso al Espíritu Santo, ¿quién sos vos para creer que ya te conocés lo suficiente como para no necesitar lo mismo?

II Versículo

"Dices: “Soy rico, me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de cuán infeliz y miserable, pobre, ciego y desnudo eres tú."

Apocalipsis 3:17 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

Esta semana, antes de juzgar a alguien, hacete una pausa. No una pausa larga, un segundo. Y preguntate: ¿puedo estar viendo en ese otro algo que no quiero ver en mí? No te estoy pidiendo que te tortures. Te estoy pidiendo lo que hizo David: que le abras la puerta al Espíritu para que te muestre lo que vos solo no podés ver. Podés hacerlo ahora mismo, en silencio, con dos palabras: «Examíname, Señor». Eso es todo. Él hace el resto.

La iglesia de Laodicea no era mala. Era cómoda. Y la comodidad espiritual es el lugar donde uno se duerme creyendo que está despierto. No te conformes con creer que estás bien. Pedile a Dios que te lo confirme.

Emilio
9
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

L 13 M 14 M 15 J 16 V 17 S 18 D 19
4 min