Día 4
Día 4 de 7 3 de septiembre

Apagá el motor y dejate llevar

Son las dos de la mañana. No podés dormir. No es insomnio de película, donde el personaje queda pensativo mirando la ciudad iluminada con música de fondo. No. Es ese insomnio feo, el que viene con el estómago apretado y la mente haciendo cuentas que no cierran. El trabajo, la plata, la relación, los hijos, lo que dijo fulano, lo que no dijo mengano. Y mientras todo eso da vueltas, el celular está en la mesita de noche brillando como si te llamara.

Bueno, eso me pasa a mí. No de vez en cuando: seguido. Me despierto para ir al baño, vuelvo, y sí o sí me acuerdo de algo. Una hora va. Y a veces me quedo ahí, en la oscuridad, haciendo la lista de todo lo que podría salir mal.

Y en algún momento aprendí algo que tengo que practicar todos los días, porque no es automático: apagar el motor. Soltar el timón. Dejar que la corriente lleve la lancha un rato.

¿Sabés cuántas veces en 22 años de casado dije 'hoy no puedo con nada'? Cientos. ¿Sabés cuántas veces pensé que el ministerio se terminaba? Cientos también. ¿Sabés cuántas veces me levanté al otro día y estaba distinto? Las mismas cientos de veces. Porque así somos. Somos emocionales. El problema no es la emoción, el problema es cuando la emoción toma las decisiones.

Josué no entró a Canaán el día que tenía más ganas. Entró el día que Dios dijo que era el momento. Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas. Nosotros queremos esperar a sentirnos listos. Dios dice: levantate y cruzá.

— Pero pastor, ¿y si no me siento capaz?

— Eso no se lo preguntaron a Josué. Y tampoco te lo están preguntando a vos.

"Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía."

Isaías 26:3 · NVI

Hay un versículo que digo todas las noches cuando el motorcito no para. Salmo 4:8: 'En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.' Lo digo en voz alta a veces. No porque lo sienta. Sino porque decido creerlo. Me ordeno descansar en el Señor, así literal. Y al ratito me quedo dormido. No es magia. Es decisión. Me pasa porque decido confiar en la promesa, no porque la circunstancia cambió. La circunstancia muchas veces sigue igual al otro día. Pero yo dormí. Y dormido rendís mejor, pensás más claro, y las cosas que a las dos de la mañana parecían el fin del mundo, a las siete de la mañana con un café en la mano tienen otra escala.

II Versículo

"En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado."

Salmos 4:8 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, esta noche, probá algo distinto. Cuando llegue el insomnio de las dos, no agarres el celular. No abras las redes. No chequeés el mail. Quedate en la oscuridad un momento y decí en voz alta, aunque te sientas raro haciéndolo: 'En paz me acostaré y así mismo dormiré, porque solo tú, Señor, me hacés vivir confiado.' Una vez. Despacio. Y después soltá. Apagá el motor. Que la corriente lleve la lancha un rato. Vos no tenés que resolver todo esta noche. Él ya está despierto.

No tenés que llegar al domingo sintiéndote un gigante espiritual. Tenés que llegar habiendo decidido confiar aunque no sentiste nada. Eso ya es fe. Eso ya cuenta.

Emilio
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