La victoria no la ven todos: caminá por fe
Doce hombres fueron a espiar la tierra prometida. Los doce vieron lo mismo: ciudades amuralladas, ejércitos bien equipados, hombres de una estatura extraordinaria. Los doce volvieron al campamento. Y ahí se dividieron: diez dijeron 'imposible', y dos dijeron 'vamos'. ¿Qué vio Josué que los otros diez no vieron? No vio menos gigantes. Vio la misma tierra, los mismos muros, la misma gente enorme. Lo que vio distinto fue a quién tenía del lado suyo.
Escuchame lo que te voy a decir porque esto no es motivacional, es una verdad que cambia cómo vivís todos los días. La victoria no depende de las emociones humanas. Depende de Dios. Y acá te hablo de algo muy concreto, muy de carne y hueso.
Yo no soy una persona que siempre tiene ganas. No me levanto cada mañana con fuego y convicción y claridad. Hay días que no querés saber nada de nadie. Días que mirás lo que tenés adelante y decís 'no puedo más'. Y en esos días, la pregunta no es '¿cómo me animo?'. La pregunta es: ¿le creo a Dios o le creo a mis emociones?
Caminar por fe no es un estado emocional. Es una decisión. Los diez espías sentían algo real: miedo. Lo que veían era real: gigantes. Su conclusión era lógica desde lo humano: no podemos. Pero estaban analizando la situación sin meter a Dios en la ecuación. Y cuando sacás a Dios de la ecuación, siempre vas a llegar a la misma conclusión: es imposible.
Josué y Caleb llegaron a otra conclusión no porque fueran más valientes de carácter. Llegaron a otra conclusión porque incluyeron a Dios en el análisis. Dios prometió. Dios va a dar. Nosotros vamos. Así de simple y así de difícil al mismo tiempo.
"En efecto, vivimos por fe, no por vista."
2 Corintios 5:7 · NVIHay una anécdota que me marcó. Un judío anciano, León Smukler, ya falleció, me dijo una vez algo que nunca me olvidé. Me dijo: 'Mira, mi hijo, si alguna vez tenés un amigo exitoso, andá y comprá una camisa y regalasela, y decile que estás con él, y pasale la mano, porque algo de su perfume se te va a quedar.' Eso me lo dijo un judío viejo. Y me lo quedé. Porque lo que él estaba describiendo es exactamente lo que los diez espías no pudieron hacer: acercarse al que tiene más en lugar de alejarse con miedo. Los diez miraron a los gigantes y se achicaron. Josué miró a Dios y avanzó. La diferencia no era de tamaño. Era de perspectiva.
"Pero los que habían ido con él respondieron: ―No podremos combatir contra esa gente. ¡Son más fuertes que nosotros!"
Números 13:31 · NVIHoy quiero que te hagas una pregunta honesta: ¿estás tomando decisiones basado en lo que ves o en lo que Dios dijo? No te estoy preguntando si tenés fe perfecta. Te estoy preguntando si en este momento concreto, en este desafío puntual que tenés, estás incluyendo a Dios en la ecuación o lo estás resolviendo solo con lo que calculás que podés. Eso es todo. No hace falta que lo resuelvas hoy. Hace falta que seas honesto con la respuesta.
Dios no necesita mayoría. Los diez dijeron imposible, dos dijeron vamos, y Dios entregó la tierra. Sin fe es imposible agradarle. Con fe, los muros caen solos.
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