Nunca viste un maratonista que corra mirando hacia atrás. Nunca. Porque si lo hace, baja el ritmo, pierde el equilibrio, y se cae. Y sin embargo, hermano, eso es exactamente lo que hacemos la mayoría de nosotros con nuestra vida espiritual.
Mirá, Pablo usa acá la imagen de un corredor. Y no es casualidad. Filipo, la ciudad donde vivía esta iglesia, se llamaba en griego "corredores de caballo". Es simbólico. Esta gente sabía lo que era correr hacia una meta. Y Pablo les dice, eso es lo que yo hago. Prosigo. Corro hacia adelante.
Ahora, fijate en algo. El maratonista no corre con los ojos en el piso. No corre mirando las gradas. Corre con la vista en la cinta. Y cuando distrae la mirada aunque sea un segundo, eso le cuesta. Le cuesta ritmo, le cuesta posición, le puede costar la carrera.
Vos hacés eso, hermano. Yo también lo hago. Nos distraemos con lo que quedó atrás. El error que cometiste en 2019. La relación que se rompió. El ministerio que no funcionó. La decisión que te salió mal. Y seguís corriendo, sí, pero con la cabeza girada hacia atrás. ¿Sabés qué pasa cuando corrés así? Que el cansancio te pega doble. Porque no solamente estás corriendo la carrera de hoy. Estás cargando también el peso de ayer.
Ahora, escuchá bien. No te estoy diciendo que ignores lo que pasó. Eso sería inventar ilusiones, y vos sabés que yo no hablo así. Te estoy diciendo que el pasado ya cumplió su función. Fue escuela. Y la escuela no se carga encima cuando salís a la carrera. Se deja ahí, se aprovecha lo que aprendiste, y se corre.
El mundo te dice, revisá todo, auditá todo, quedate dando vueltas con el análisis. Dios te dice algo distinto. Te dice, soltá. Soltá y extendiéte hacia lo que está delante. Esa es la diferencia entre vivir anclado y vivir en proseguir.
Pablo tenía un pasado que lo podría haber paralizado de dos maneras distintas. Por un lado, tenía victorias enormes: linaje, formación, ciudadanía romana, el mejor currículo religioso de su época. Eso podría haberlo llenado de soberbia, de ese "yo ya llegué, qué me van a enseñar a mí." Y por el otro lado, tenía algo mucho más oscuro: él había perseguido a la iglesia. Había estado presente en la muerte de Esteban. Había metido presos a creyentes. Ese pasado podría haberlo aplastado de culpa para siempre. Dos trampas distintas. La del éxito y la del fracaso. Y Pablo decidió no quedarse en ninguna de las dos. Lo miró todo y dijo, esto ya fue. Ahora corro.
""Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús." — Filipenses 3:13-14"
"Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero u 3:13–14 · NVI¿Qué hacés con esto? Esta semana, identificá una sola cosa del pasado que te esté robando el enfoque. Una. Puede ser un fracaso que todavía te genera culpa. Puede ser un logro del que te sentís tan orgulloso que ya no creés que tenés mucho más que aprender. Y hacé lo que haría un corredor serio: nombrala, reconocé que ya fue, y tomá la decisión consciente de no seguir mirando para atrás. No es magia. Es una decisión que vas a tener que tomar varias veces. Pero empezá hoy. Nosotros no corremos solos esta carrera, hermano. Corremos juntos. Y juntos podemos soltar lo que nos frena.
La carrera no se gana mirando atrás. Se gana extendiéndote hacia lo que está delante. Eso es lo que Pablo hizo. Eso es lo que vos podés hacer hoy. Proseguí. Proseguí.
Todavía no guardaste ningún devocional.
Tocá el marcador en cualquier devocional para guardarlo acá.Todavía no tenés frases destacadas.
Seleccioná texto en un devocional para guardarlo acá.Iniciá sesión con Google para guardar frases destacadas.
Entrar con Google
Comentarios
Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Tu comentario será revisado antes de publicarse.