Día 3
Día 3 de 7 20 de mayo

Soltá el pasado. No como cliché. Como decisión real.

Tu pasado tiene un poder enorme: puede ser tu escuela o tu prisión. Vos decidís cuál de las dos. Pero mientras no tomés esa decisión, él ya tomó la suya: te detiene.

Pablo dice algo puntual en Filipenses 3: "olvidando ciertamente lo que queda atrás." Y acá hay que entender bien el contexto, porque si no, esto suena a autoayuda barata. Pablo no estaba hablando de borrar los recuerdos dolorosos con respiración profunda. Estaba hablando de algo mucho más específico.

Él tenía un pasado brillante. Linaje de la tribu de Benjamín, fariseo, ciudadano romano, formado a los pies de Gamaliel, el mejor maestro de su época. Eso hoy sería como decir, me recibí en Harvard, soy ciudadano americano, vengo de familia con 12 generaciones de creyentes. Un currículo impresionante. Y Pablo lo miró y dijo: basura. Todo eso es basura comparado con Cristo.

Ahora, hay dos cosas del pasado que Pablo nos dice que dejemos atrás. El fracaso, porque trae culpa. Y el éxito, porque trae soberbia. Los dos te pueden paralizar. Los dos te pueden sacar el enfoque. La culpa te clava en lo que hiciste mal. La soberbia te hace creer que ya no tenés nada que aprender. Y en los dos casos, dejás de avanzar.

Hermano, tu pasado no define tu destino. Lo define lo que hacés con él. El pasado tiene que ser una escuela, no una prisión. No lo digo como coach motivacional, lo dice Jesús: "Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás es apto para el reino de Dios." Eso es serio. Eso es muy serio.

""Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.""

Lucas 9:62 · NVI

Hay algo que leí sobre los primeros cristianos en las catacumbas que no me puedo olvidar. Los espías romanos intentaban infiltrarse entre ellos para denunciarlos. Entonces los creyentes crearon un sistema de identificación: memorizaban palabras de Jesús. "Yo soy el camino, la verdad y la vida." "Venid a mí los que estáis trabajados y cargados." Y lo que pasaba era que los soldados romanos, para infiltrarse, tenían que aprenderse esas frases. Y en el camino, algo les pasaba. Se convertían. La palabra viva les transformaba el corazón mientras intentaban usarla como herramienta de persecución. Pablo lo decía así: algunos predican de Cristo por envidia y contienda, pero ¿sabés qué? La palabra hace lo que tiene que hacer. Le pica a quien le pique. No perdemos nunca. No perdemos nunca.

II Versículo

""Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.""

Filipenses 3:13–14 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Identificá una cosa del pasado que todavía te tiene detenido. Puede ser un fracaso que te da vergüenza. Puede ser un logro del que te jactás más de la cuenta. Los dos tienen el mismo efecto: te sacan el foco de lo que tenés por delante. Hoy no te pido que lo olvides de golpe, te pido que lo sueltes intencionalmente. Que digas, esto fue, aprendí lo que tenía que aprender, y ahora miro para adelante. Nosotros hacemos eso juntos, de a un día por vez.

Lo que quedó atrás ya cumplió su función. Fue escuela. Fue proceso. Fue parte del hilo. Pero el hilo sigue. Y lo que tenés por delante es más grande que lo que dejaste atrás. Es así. Es así.

Emilio
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