Día 5
Día 5 de 7 6 de febrero

Dos tipos de persona. Nada más.

Sabés qué me pasa a veces cuando veo las noticias? Me quedo mirando la pantalla y digo: no puede ser. No puede ser que esto esté pasando. Una mujer que dice ser hombre, un hombre que dice ser mujer, y el mundo que les aplaude y le dice «muy valiente». Un juez que libera a alguien que hizo algo terrible porque «hay que entender el contexto». Políticos que mienten en la cara de todos y nadie se inmuta. Y yo ahí, con el control en la mano, pensando: ¿en qué mundo estamos?

Mirá, esta semana estuvimos hablando de creer la Palabra de Dios. Toda. Sin filtros. Y hoy quiero que veamos algo que Pablo deja muy claro en Romanos 1, porque si no lo entendés, todo lo demás se te va a seguir cayendo a pedazos.

Dice la Palabra de Dios que solo existen dos tipos de personas. Dos. No tres, no cinco, no «depende de la cultura». Dos. Miserables pecadores culpables y miserables pecadores salvos por la gracia. Es todo. No hay una tercera categoría para el que «básicamente es buena persona». No hay fila especial para el que fue a misa todos los domingos pero nunca creyó de verdad. Dos categorías. Y en alguna de las dos estás vos ahora mismo.

Y cuando entendés eso, empezás a entender por qué el mundo está como está. No es que la gente de afuera es mala y nosotros somos buenos. Es que nosotros somos miserables pecadores que encontramos a Cristo, y ellos todavía no. Eso cambia cómo los mirás. Eso cambia el tono con que hablás. Eso cambia si los juzgás desde arriba o si orás por ellos desde abajo.

Ahora, acá viene la parte que me parece más fuerte. Pablo dice que la ira de Dios se revela contra los que «detienen con injusticia la verdad». No contra los ignorantes. Contra los que saben y la empujan para el costado. Y el mundo que ves en las noticias no está en ese estado porque nadie les dijo nada. Está en ese estado porque Dios los entregó. Los entregó a lo que eligieron. Y eso, hermano, no es un juicio que va a pasar. Es un juicio que ya está pasando.

Pero acá hay algo más. Algo que me da vuelta a mí también. Si solo hay dos tipos de persona, y vos sos del segundo tipo —el miserable pecador salvo—, ¿qué estás haciendo con eso? ¿Cuánto tiempo pasás en tus conversaciones diciéndole a alguien del primer tipo lo que Dios hizo por vos?

No te estoy pidiendo que te conviertas en evangelista de tiempo completo. Te estoy pidiendo que no te olvides de dónde saliste.

"Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele."

1 Pedro 1:6–7 · NVI

Me acordé esta semana de algo. Había un tipo, conocido de la iglesia, que llevaba años viniendo los domingos. Cantaba, alzaba las manos, conocía todas las canciones. Un día le preguntaron en una reunión pequeña: «¿En qué momento vos creíste?» Y se quedó callado. Un silencio largo. Y después dijo: «No sé si alguna vez lo hice de verdad.» Esa honestidad le costó algo. Pero fue el primer día real de su vida con Dios. Llevaba años en la categoría uno, disfrazado de categoría dos. Y la diferencia no era cuántas veces fue a la iglesia. Era si había tomado la decisión.

II Versículo

"En verdad, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad."

Romanos 1:18 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta semana, antes de que llegue el domingo, hacé una cosa. Agarrá un papel —o la nota del celular, como quieras— y escribí el nombre de una persona que conocés que está en la categoría uno. Alguien que oye la Palabra, que quizás la conoce de memoria incluso, pero que todavía no tomó la decisión. Y orá por esa persona por nombre, hoy, mañana y el domingo. No le digás nada todavía si no sabés cómo. Solo orá. Dios sabe cómo abrir puertas. Nosotros tenemos que saber llamar.

Dos tipos de persona. Nada más. Sabés en cuál estás vos. Ahora pensá en quién conocés que todavía no sabe en cuál está. Eso es todo lo que te pido hoy.

Emilio
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