¿Vas a creer? No «más o menos». ¿Vas a creer?
Llegamos al domingo. Y yo quiero hacerte la misma pregunta con la que empezamos el lunes, pero esta vez no como apertura de semana. Como cierre. Como pedido de cuentas. ¿Creíste? No te pregunto si leíste. No te pregunto si te gustaron los devocionales. Te pregunto si en algún momento de esta semana tomaste la decisión de someter tu vida a esta Palabra. Toda ella. Sin buffet.
Mirá, estuvimos cinco días hablando de lo mismo desde ángulos distintos. El lunes: la decisión de creer. El martes: las razones para creer —veinticinco mil manuscritos, hermano, el número dos en la lista tiene seiscientos. El miércoles: la ira de abandono, lo que pasa cuando una sociedad le da la espalda a Dios, y lo que estamos viendo a nivel global ahora mismo. El jueves: Scott, el piloto que sabía la Palabra de memoria y no la creyó, y lo que le costó eso. El viernes: que solo hay dos tipos de persona. Y el sábado: un hombre solo en el espacio, con el cohete roto, sostenido por esta misma Palabra.
Toda la semana giró sobre lo mismo. Una pregunta. Una sola.
Ahora, yo sé que hay gente que llega al domingo con esa pregunta todavía sin responder. No porque sean malos. Sino porque la respuesta asusta. Porque si la Palabra de Dios es verdad, toda ella, entonces tengo que hacer algo con eso. Tengo que cambiar cómo hablo. Tengo que cambiar a quién le doy mi tiempo. Tengo que dejar de ser pasivo en la fe y empezar a ser activo.
Y acá viene lo que Pablo dice en Romanos 5. Cuando siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Enemigos. Eso éramos. No «personas con áreas de mejora». Enemigos. Y Él mandó a su Hijo igual. No cuando merecíamos algo, sino exactamente cuando no merecíamos nada.
Eso es lo que está en juego acá. No un sistema de creencias. No una filosofía de vida. Un Dios que te buscó cuando eras su enemigo y que hoy te pregunta si vas a recibirlo en sus términos, no en los tuyos.
Jesús no es una opción entre opciones. No es el maestro bondadoso que te deja elegir qué parte de lo que dijo tomás en serio. Dice la Palabra: el que no es conmigo, contra mí es. El que conmigo no recoge, desparrama. No hay neutro. No existe la fe pasiva que viene a la iglesia el domingo y el resto de la semana vive como el mundo y llama a eso «estar bien con Dios».
Eso no es creer. Es decorar.
"Pero, si les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor."
Josué 24:15 · NVIMe quedé pensando en los padres de Scott. Misioneros en África. Dedicaron su vida a que otros creyeran. Y su propio hijo no creyó. Yo no sé cómo es eso. No sé qué se siente. Pero sí sé que la fe no se hereda. No se traspasa porque el papá ora en la mesa o porque la mamá lleva a los chicos a la iglesia desde bebés. En algún punto entre oírla y repetirla, hay una decisión que solo vos podés tomar. Nadie la puede tomar por vos. Ni tu pastor, ni tu mamá, ni los años que llevás viniendo. Vos. La decisión es tuya. Y los días son contados.
"Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!"
Romanos 5:10 · NVIHoy, antes de que cierre el domingo, hacé una cosa concreta. Sentate un momento —literalmente sentate, no en movimiento— y respondé esta pregunta en voz alta o escrita: ¿Creo que esta Biblia es la Palabra de Dios, inspirada, sin error, perfecta y toda suficiente? Si la respuesta es sí, preguntate qué parte de tu vida todavía no sometiste a esa Palabra. Si la respuesta es «no sé», entonces esa es tu oración de hoy: «Señor, ayudame a creer.» Si la respuesta es no, al menos sé honesto. Pero no sigas viviendo en el medio, que es el lugar más peligroso de todos.
Cinco días tomando decisiones chicas, todos los días. ¿Creo o no creo? ¿Entrego o no entrego? ¿Vivo como lo que soy o como lo que el mundo quiere que sea? Todo ese recorrido termina acá, en la misma pregunta del lunes. Pero hoy ya no es apertura. Hoy es respuesta. Dios te buscó cuando eras su enemigo. Ahora te pregunta si vas a creerlo.
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