Día 2
Día 2 de 7 13 de octubre

La tormenta llega a todas las casas

Hay una idea que circula en ciertos ambientes cristianos que más o menos dice así: si estás bien con Dios, todo te va a salir bien. Si tenés fe de verdad, no te vas a enfermar, no vas a tener problemas económicos, tu familia va a estar perfecta. Y esa idea, hermano, es peligrosísima. Porque cuando llega la tormenta, y siempre llega, la gente no solo sufre el golpe sino que además piensa que Dios la abandonó.

Jesús cuenta la parábola de los dos cimientos y dice algo que poca gente nota: la lluvia cayó sobre las dos casas. Los ríos vinieron sobre las dos. Los vientos soplaron sobre las dos. No hay una casa en la historia que recibió tormenta y otra que no. Las dos fueron golpeadas.

Eso corrige de raíz esa teología extraña que promete que si seguís a Cristo no te puede ir mal. Jesús mismo dijo clarito: «En el mundo tendréis aflicción». No dijo «puede que tengan algún problemita». Dijo: van a tener. Es parte del trato. La diferencia entre las dos casas no fue la tormenta. La diferencia fue el fundamento sobre el que fue construida cada una.

Ahora, ¿por qué importa esto? Porque cuando vos construís tu vida sobre algo que puede desaparecer, la tormenta no solo te golpea, te destruye. Y hay mucha gente que construye sobre cosas muy frágiles sin darse cuenta. Construyen sobre la aprobación de otros: mientras todos aplauden, están bien, pero cuando llega la crítica se derrumban. Construyen sobre el dinero: mientras hay abundancia sienten seguridad, pero cuando viene la dificultad económica todo su mundo tambalea. Construyen sobre una persona, sobre un líder, sobre un pastor. Y el día que esa persona falla, y toda persona falla, se van. ¿Por qué? Porque nunca siguieron a Cristo, seguían al hombre.

No construyamos sobre lo que puede desaparecer mañana. No porque seamos negativos, sino porque somos inteligentes. La fe cristiana no promete que no va a venir tormenta. Promete que es posible atravesarla sin que tu vida quede destruida. Puede ser golpeada. Pero no destruida.

"Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca."

Mateo 7:25 · NVI

Me acuerdo de la historia de Jimmy Swaggart, ese predicador enorme de los años 80, carismático, famoso en todo el mundo. Cae públicamente. Y las iglesias se vacían. La gente deja de congregarse. Y uno se pregunta: ¿qué pasó? Pasó que mucha gente no le seguía a Cristo, le seguía al hombre. El día que el hombre cayó, cayeron ellos también. Su fe no estaba fundada en la roca, estaba fundada en una persona. Y toda persona, yo incluido, somos falibles. Pura gracia, nada más. Pablo mismo tuvo que decirlo: «Sean imitadores de mí como yo lo soy de Cristo». Si algo bueno hay, es Cristo en la vida. El resto es barro.

II Versículo

"Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo."

Juan 16:33 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Preguntate hoy con honestidad: ¿sobre qué está construida mi seguridad? ¿Qué es lo primero que se mueve cuando las cosas van mal? Si cuando perdés trabajo sentís que perdiste todo, tu seguridad estaba en el trabajo. Si cuando alguien te critica te desmoronás, tu seguridad estaba en la aprobación. No te condeno, yo me hago la misma pregunta. Pero identificarlo es el primer paso. Nosotros podemos ir moviendo el peso de lo frágil a lo firme, una decisión a la vez.

Las tormentas revelan el fundamento que construiste, no el que dijiste que construiste. Cuando todo funciona bien es fácil pensar que estamos firmes. La prueba viene después. Y la pregunta de hoy es simple: si suena el teléfono y esa llamada cambia todo, ¿sobre qué estás parado?

Emilio
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