Día 4
Día 4 de 7 15 de octubre

Lo que nadie ve es lo que sostiene todo

A ver, seamos honestos un momento. Cuando vamos a ver una casa que venden, ¿qué miramos? Las luces, la cocina, si tiene buena ducha, cuántos ambientes tiene, si el baño es lindo. Nadie llega y le dice al vendedor: «Disculpe, ¿me puede mostrar el cimiento? ¿Cómo está el encadenado? ¿Hicieron estudio de suelo?». Nadie. Todos miramos lo que brilla. Y con nuestras vidas hacemos exactamente lo mismo.

Hay algo curioso en la parábola de los dos cimientos. Jesús no dice que una casa era linda y la otra fea. No dice que una era grande y la otra chica. Probablemente eran parecidas por afuera. La diferencia era invisible para cualquiera que pasara caminando. Solo la tormenta la hizo visible.

Y yo me pregunto, ¿cuánto de lo que construimos está pensado para que otros lo vean? El perfil prolijo, la familia que parece perfecta en las fotos, el vocabulario cristiano que suena bien en el culto. Todo eso puede estar muy bien puesto y abajo no haber nada. O sea, no es que sea malo que las cosas se vean bien. El problema es cuando lo visible reemplaza a lo sólido.

Ahora, ¿sabés qué es lo que nadie ve pero que sostiene todo? Las decisiones privadas. Las de cuando estás solo. Cuando decidís cerrar eso que no deberías estar mirando y nadie se enteró. Cuando perdonás a alguien en tu corazón sin decirle nada, sin esperar reconocimiento. Cuando orás diez minutos a las seis de la mañana y no lo subís a ningún lado. Cuando le decís la verdad a alguien aunque te cueste. Esos momentos invisibles son los ladrillos del cimiento. Nadie los aplaude. Nadie los ve. Pero Dios sí los ve, y son precisamente esos los que sostienen todo lo demás.

Un dictador brasileño, creo que fue Collor de Mello, o alguno de esa época, no me acuerdo bien quién era exactamente, tenía una frase: «El hombre es bueno, pero controlado es mejor». Claro, lo decía porque era dictador, para él eso era práctico. Pero bíblicamente es mentira. El punto no es portarse bien porque alguien te mira. El punto es portarte bien porque Dios siempre te ve y porque vos sos de verdad lo que sos cuando nadie te controla.

"«El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.»"

Lucas 16:10 · NVI

Me hizo pensar en mis hijos. Les digo: «Portate bien». «Sí, papá». Y se van y hacen lo que quieren. ¿Escucharon lo que les dije? Sí. ¿Entendieron? Sí, me dijeron «sí, papá». ¿Hicieron lo que les dije? No. Y ahí viene el castigo, las consecuencias. Ahora trasladá eso a nuestra relación con Dios. ¿Cuántas veces escuchamos, asentimos, emocionados incluso, y después salimos exactamente igual? La diferencia entre el hijo que obedeció y el que no no estaba en si entendió o no. Estaba en si lo llevó a la práctica. Y eso, entre nosotros, es también nuestra historia muchas veces, ¿no? No me puedo excluir.

II Versículo

"Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida."

Proverbios 4:23 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy prestale atención a una decisión pequeña que normalmente ignorás. Una sola. Puede ser cómo llegás a tu casa después del trabajo, si llegás de mal humor o hacés el esfuerzo de entrar bien. Puede ser si revisás ese chat que sabés que no deberías revisar. Puede ser si le preguntás a tu hijo cómo le fue en el día de verdad, no de pasada. Esa decisión chiquita es un ladrillo. Y nosotros construimos cimientos con ladrillos, no con bloques gigantes que aparecen de repente.

Lo que sostiene una vida no es lo que se ve, es lo que hay abajo. Y lo que hay abajo lo construís vos, en silencio, cuando nadie te mira. Eso es lo que permanece. Eso es lo que va a estar parado cuando llegue la lluvia.

Emilio
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