Día 5
Día 5 de 7 16 de octubre

Lo que construís cuando nadie te aplaude

Te cuento algo que me pasó. Estaba en el canal grabando un programa, volvíamos con Jorge Espínola a eso de las dos de la tarde, y el cielo ya estaba negro. Le dije: "Jorge, mirá eso." Y él me dice: "¿Llegamos?" Y yo: "No sé, dale nomás." Llegamos justo. Y mientras corría para adentro pensaba: qué bueno que en la vida no siempre podés correr para adentro justo. A veces la tormenta te agarra en el medio de la calle. Y lo único que define si quedás en pie o no es lo que construiste antes de salir.

Esta semana estuvimos hablando del fundamento. De lo que nadie ve. De las decisiones que hacés cuando no hay nadie mirando. Y hoy quiero quedarme ahí un ratito más, porque creo que es donde más nos cuesta.

Vos, yo, todos tenemos una versión pública y una versión privada. La versión pública es la que sube al culto, la que responde bien cuando le preguntan cómo está, la que pone el versículo en el estado. Y la versión privada es la que cierra la puerta del cuarto y decide cómo usar las próximas dos horas.

Ahora, ¿cuál de las dos construye el fundamento? La privada. Siempre la privada.

Y acá hay algo que me parece clave. No es que la versión pública sea mala, no. El problema es cuando la versión pública reemplaza a la privada. Cuando la foto del versículo reemplaza al tiempo de oración. Cuando el "amén" en el culto reemplaza a la obediencia en casa. Cuando sabés responder bien la pregunta pero no cambiaste nada.

Jesús lo dijo clarito en la parábola: los dos hombres escucharon el mismo mensaje. Los dos. Ninguno era ignorante. Uno solo obedeció. Y esa obediencia nadie la vio. Nadie le dio un aplauso. Nadie le puso un trofeo. Pero fue lo que sostuvo todo cuando llegó la lluvia.

En la prédica se cuenta la historia de un tipo que trabaja en una empresa, le recomiendan para un ascenso, y el gerente le pide que mienta para ver si "es de confianza". Una sola cosa. Entre nosotros, le dice. Nadie se va a enterar.

Y el tipo se va a su casa, habla con su mujer, ora, y vuelve al día siguiente a decirle al gerente: "No puedo hacer eso. Le presento mi renuncia si hace falta, pero no puedo."

Y resulta que el dueño de la empresa estaba atrás escuchando todo. Era una prueba. Y el dueño se ríe y le dice al gerente: "Este es el hombre."

Mirá. A veces la vida te pone en una encrucijada así. Chiquita. Sin cámaras. Sin testigos. Y vos pensás que nadie va a saber. Pero Dios siempre ve. Y lo que hacés ahí, en ese momento invisible, eso es el ladrillo. Eso es el fundamento.

II Versículo

"No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica."

Santiago 1:22 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy es viernes. Arranca el fin de semana. Y el fin de semana es, para muchos, el momento donde la versión privada se afloja un poco. Donde las decisiones son más chicas, más invisibles, más fáciles de justificar. Entonces la pregunta concreta es esta: ¿qué decisión tenés pendiente que sabés que tenés que tomar y no tomaste todavía? No te estoy hablando de algo grande. Puede ser un mensaje que tenés que mandar y no mandaste. Un perdón que tenés que dar y lo venís postergando. Una conversación que venís esquivando. Hacela hoy. No mañana. Porque eso que parece pequeño es un ladrillo. Y los ladrillos no los ponés cuando está lloviendo. Los ponés ahora.

Nadie te va a aplaudir por esa decisión. Capaz ni te das cuenta que la tomaste. Pero Dios sí la ve. Y eso, hermano, es lo que sostiene todo lo demás cuando llegue el temporal.

Emilio
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