Hasta un chico de 13 años sabe con quién anda y sabe los resultados. Nosotros, los adultos, también lo sabemos. Nos hacemos los distraídos, nomás.
Bueno, acá viene la parte donde todos nos miramos la zapatilla. Porque esto toca a todos. A todos, gente.
Fui a San Bernardino con mi familia para una jornada de cierre de año con pastores. Llevé a un amigo de mi hijo. Y en el camino, con toda la gracia del mundo, le digo a mi hijo: 'Mirá a fulano, ese aprobó todo, quiere leer antes que jugar play, su papá me dice que madruga para estudiar.' Mi hijo me mira por la ventana, no dice nada. Me llama la atención el silencio. '¿Qué pasó?' le digo. 'Quedé en febrero, pastor.' Cuatro materias. ¿Y cómo cuatro materias dejaste, hijo? 'Por la mala junta', me dice. Ahí nomás. Sin vueltas.
Y lo gracioso, entre comillas, es que él lo sabía desde marzo. Desde abril. Pero dice: 'La compañía daba gusto, estaba siempre.' Claro. Que algo te dé gusto no significa que te convenga. Es así. Es así.
Ahora, hoy son cuatro materias en febrero. Mañana, si no se revisa, pueden ser cosas más serias. No digo que los chicos sean terribles. Digo que la asociación tiene consecuencias. Amós 3:3 dice: '¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?' No. Es imposible. Con quien caminás te va formando. Te va moldeando. Esto no es solo para adolescentes, hermano. Mirá tus amistades. Mirá a quién elegís como pareja, como líder, como consejero. Esas elecciones están formando tu terreno.
La Biblia no dice que salgamos del mundo. Al contrario. Jesús mismo oró: 'No te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.' Tenemos que estar en medio de la sociedad, en el trabajo, en el barrio. Pero juntos, no revueltos. Hay una diferencia enorme entre relacionarse con alguien y aliarse con alguien que da malos frutos. Tarde o temprano, te explota la bomba en el regazo.
"'No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.'"
Juan 17:15 · NVIHay algo que todos sabemos y pocos decimos: el discernimiento es innato. Una niña de siete años siente cuando algo no está bien con una persona. No hace falta enseñárselo, hay que desarrollarlo. El problema es que de grandes aprendemos a ignorar esa voz interna porque nos conviene, porque la compañía es cómoda, porque cambiar cuesta. Pero el Señor nos advierte en el Salmo 55 que los que dan malos frutos siempre disimulan su condición con lisonjas y palabras suaves. No es que alguien que te elogia te está mintiendo. Pero vos y yo, si queremos, nos damos cuenta cuando hay intenciones ocultas detrás. Nos damos cuenta. Siempre nos damos cuenta.
"'¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?'"
Amós 3:3 · NVI¿Qué hacés con esto? Sin dramatismo, pero con honestidad: mirá con quién estás pasando la mayor parte de tu tiempo. No para juzgar a nadie, sino para preguntarte qué está produciendo esa asociación en tu vida. ¿Te acerca a Dios? ¿Te desafía a crecer? ¿O te da comodidad y te aleja del fruto? Nosotros podemos relacionarnos con todos sin aliarnos con cualquiera. Esa distinción vale oro. Practicala esta semana.
Con quién caminás forma tu terreno. Y el terreno determina el fruto. Ya lo sabés. Ahora hacé algo con eso.
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