Día 6
Día 6 de 7 30 de mayo

El mayor cementerio del mundo está lleno de fruto que nunca se dio.

La mayor riqueza del mundo no está en los bancos ni en Wall Street. Está enterrada bajo tierra. En los cementerios.

Mirá, hermano, te voy a contar algo que me pasó la semana pasada y que todavía no me sale de la cabeza. Estuve en Washington. Y aclaremos algo porque si no, ya sé lo que van a pensar: pagué yo, con mi plata, los pasajes, la estadía, todo. No con el diezmo de nadie. Bueno, eso dicho.

Fui al cementerio de Arlington. 400.000 tumbas. Lápidas blancas, todas del mismo tamaño. Sin importar si eras general o soldado raso, la lápida es la misma. Y yo me paré en un momento y casi lloré. Miraba para todos lados y las lápidas llegaban hasta donde la vista me daba. Fulano de tal, 1975-1995. Veinteañeros, hermano. La mayoría muertos en batalla, muchos sin que sus cuerpos hayan vuelto jamás.

Y ahí me acordé de algo que me dijo un pastor hace tiempo. Me dijo: '¿Sabés dónde está la mayor cantidad de riquezas del mundo? En los cementerios.' No por las joyas. Por los dones, los talentos, los frutos que nunca se desarrollaron. Grandes músicos que se fueron escuchando las sinfonías de otros. Grandes deportistas que miraron de la gradería. Grandes hombres y mujeres de Dios que pudieron haber llenado estadios, pero por falta de renuncia, por falta de humildad, por mala junta, por el afán del mundo, nunca lo lograron.

Y yo pienso, ¿cuántos de nosotros vamos a llegar al final con el fruto sin dar? ¿Cuántos vamos a llegar con la canasta llena todavía? Dios no quiere eso. Él quiere que en esta vida, que es la única oportunidad que tenemos, desarrollemos todo el fruto posible. Porque hay demasiada necesidad afuera. Demasiada oscuridad. Demasiada gente que camina con una sonrisa y por dentro está destrozada.

"'A quien mucho se le haya dado, mucho se le demandará.'"

Lucas 12:48 · NVI

La tumba del soldado desconocido en Arlington tiene una guardia que camina 24 horas, todos los días del año, con cambio de armas cada hora. Hay una disciplina impresionante para honrar a alguien que nadie sabe quién es. Y yo pienso en eso, hermano. El mundo honra a sus muertos con disciplina. ¿Y nosotros, que tenemos vida, que tenemos el Espíritu Santo adentro, que tenemos una misión real, cuánta disciplina le ponemos al fruto que Dios nos pidió dar?

II Versículo

"'En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.'"

Juan 15:8 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy sábado, que tenés un poco más de tiempo que el resto de la semana, hacete una pregunta en serio: ¿qué fruto estoy dando? No qué don tengo. No qué sé hacer. ¿Qué estoy dando de verdad? ¿A quién le estoy aportando? ¿Quién está siendo alimentado, consolado, edificado por lo que fluye de mi vida? No necesitás tener plata ni título ni plataforma. Ese muchacho de calle Quinta no tenía nada de eso. Tenía conexión. Y eso alcanzaba. Nosotros también podemos. De hecho, tenemos que.

No llegues al final con el fruto sin dar. Hay demasiada gente que te necesita. Demasiada. Es así. Es así.

Emilio
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