Día 7
Día 7 de 7 19 de julio

El que abre la puerta, cena con Él

Hay un versículo que esta semana me estuvo dando vueltas en la cabeza. No es uno de los más citados, no aparece bordado en almohadones ni en stickers de Instagram. Pero es quizás uno de los más solemnes de todo el Nuevo Testamento. Apocalipsis 3:20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo. Leelo despacio. Jesús está afuera. Está en la vereda. Llamando. A una iglesia que creía que lo tenía adentro desde siempre.

Esta semana arrancamos el lunes con una pregunta incómoda: ¿cómo estás realmente? No de trabajo, no de plata. Por dentro. Delante de Dios. Y fuimos abriendo eso, día por día, con honestidad. El corazón que miente. La palabra que entra por un oído y sale por el otro. El ego que se disfraza de carácter fuerte. La reacción de un partido de fútbol que desnuda lo que hay adentro. El orgullo que llega con libreta de excusas.

Y todo eso tenía un mismo fondo: la posibilidad de estar tibio sin saberlo. De creer que Jesús está adentro cuando en realidad está tocando el timbre desde afuera.

Ahora, lo más hermoso de este versículo de Apocalipsis 3 no es la imagen de Jesús afuera. Lo más hermoso es que sigue llamando. No se fue enojado. No mandó una carta diciendo se acabó la paciencia. Está ahí, a la puerta, golpeando. Y dice: si alguno oye mi voz y abre.

Uno solo. No dice si todos. No dice si la mayoría. Dice si alguno. Jesús le habla a una persona a la vez. A vos. A mí.

Y la promesa es concreta: entraré y cenaré con él. Cenar en la cultura del Medio Oriente no era simplemente comer. Era comunión real, era presencia, era pertenencia. Era decir: sos de los míos. Jesús no dice voy a entrar y voy a darte una lista de correcciones. Dice voy a entrar y vamos a cenar juntos. Eso es gracia. Y esa gracia está disponible hoy.

Pero la puerta la abrís vos. No hay otra manera.

"Yo corrijo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé diligente y arrepiéntete de tu indiferencia."

Apocalipsis 3:19 · NTV

Pienso en ese predicador que mencionamos esta semana, el que puso detrás de su púlpito el versículo de Nicodemo: nadie puede hacer estas cosas si Dios no está con él. Lo puso como prueba de que Dios lo avalaba. Y era bebedor. Y los milagros ocurrían igual, la gente caía, la gente lloraba, el ministerio crecía. Y él interpretaba eso como señal de que estaba bien.

Y terminó muriendo en una habitación de mala muerte en San Francisco.

Eso no es un juicio sobre ese hombre. Es una advertencia. Porque los dones de Dios y la presencia de Dios no son siempre lo mismo. Se pueden tener frutos visibles, influencia, reconocimiento, y sin embargo tener la puerta cerrada por dentro.

La pregunta no es si Dios hizo cosas a través de vos. La pregunta es si Jesús está cenando con vos. Si hay comunión real. Si cuando cerrás la puerta y quedás solo, él está ahí adentro con vos.

II Versículo

"Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo."

Apocalipsis 3:20 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes o después de reunirte con tu comunidad, hacé una pausa real. No larga. Un ratito. Y en silencio, con honestidad, respondete esta pregunta: ¿Jesús está adentro o está en la puerta? No la respondas rápido. No con la respuesta que creés que tenés que dar. Dejala reposar un momento. Y si sentís que hay algo cerrado, algo que no terminaste de entregar, algo que está trabado entre vos y él, abrilo hoy. No hace falta un gesto enorme. Alcanza con decirle: entrá. Yo te necesito. Eso es todo.

Esta semana estuvimos mirando el corazón desde adentro, con toda la incomodidad que eso trae. Vimos la tibieza, el engaño, el acomodamiento, el ego, la ceguera. Pero ninguna de esas cosas tiene la última palabra. La última palabra la tiene Él, parado a la puerta, llamando. Todavía llamando. Abrile.

Emilio
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