Creerle a Dios no es lo mismo que creer en Dios
Mirá, te hago una pregunta y contestala en serio, no me des la respuesta de culto: ¿creés en Dios? Seguro que sí. La mayoría de la gente cree en Dios. Hasta los que no van a ninguna iglesia creen en Dios, a su manera. En Paraguay, especialmente, hermano, todos creen en Dios. El que fuma en la esquina cree en Dios. El que le debe plata a medio barrio cree en Dios. Creer en Dios no te cuesta nada. Ahora, creerle a Dios, eso es otra cosa. Eso sí tiene costo.
Creer en Dios es reconocer que existe. Creerle a Dios es actuar como si sus promesas fueran verdad aunque no veas nada todavía. Son dos cosas completamente distintas y no te las podés confundir porque si las confundís, vas a vivir con la fe en el estante y la ansiedad manejando tu vida.
Josué creía en Dios. Los diez espías también creían en Dios. Todos venían del mismo campamento, comían el mismo maná, habían visto los mismos milagros. La diferencia entre Josué y los diez no era la fe en la existencia de Dios. Era que Josué le creía a Dios. Le creía cuando decía «yo les voy a dar esta tierra». Le creía aunque los enemigos eran más grandes, aunque las ciudades eran más fuertes, aunque el sentido común decía que era imposible.
Ahora te pregunto de nuevo, y quiero que te la tomes en serio: ¿hay alguna promesa de Dios sobre la que vos decís «amén» en la iglesia pero en tu casa actuás como si no existiera? Una promesa sobre tu familia, sobre tu salud, sobre algo que estás esperando hace años. ¿Le creés, o simplemente creés en él?
— Pero pastor, es que yo ore, creí, confié, y no pasó nada.
— ¿Y cuándo terminó el libro? Josué 21 son los últimos versículos. ¿En qué capítulo estás vos ahora?
O sea, el problema muchas veces no es la promesa de Dios. El problema es que nosotros queremos ver el capítulo 21 estando en el capítulo 3. Y si el capítulo 3 se pone feo, cerramos el libro y decimos que la historia no funciona. Pero la historia no terminó. Todavía estás en el medio.
"Ahora bien, la fe es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos."
Hebreos 11:1 · NVILilian, mi esposa, me contó algo que a mí me pegó fuerte. Ella me dijo que una vez fue a mi negocio, cuando yo ni la conocía como para pensar en nada, y en ese momento ella le estaba cuestionando a Dios el cumplimiento de algo que él le había prometido. Y resulta que lo estaba haciendo parada frente a su futuro marido, en el futuro negocio de los dos, sin tener ni idea de ninguna de las dos cosas. Dios ya estaba cumpliendo mientras ella reclamaba que no cumplía. Me reí mucho cuando me lo contó, pero después me quedé callado un rato porque pensé cuántas veces yo hice exactamente lo mismo. Reclamando lo que Dios ya estaba moviendo, sin verlo.
"Y ni una sola de las buenas promesas del Señor a favor de Israel dejó de cumplirse, sino que cada una se cumplió al pie de la letra."
Josué 21:45 · NVIHoy, en este sábado, antes de que empiece el domingo, hacé algo concreto. Agarrá una hoja, o abrí una nota en el teléfono, y escribí una promesa de Dios que vos sabés que es para vos pero que todavía no ves cumplida. Una sola. Y al lado escribí la fecha de hoy. No para presionar a Dios con una fecha límite, sino para recordarte, cuando llegue el cumplimiento, que hubo un momento en que elegiste creerle aunque no veías nada. Eso es lo que hace la diferencia entre los que llegan al capítulo 21 y los que cierran el libro a la mitad.
Creer en Dios es fácil. Creerle a Dios cuando el capítulo es duro, eso es fe de verdad. Y esa fe, aunque sea chiquita, aunque te tiemble la voz cuando la declarás, es suficiente para Dios. Él no necesita que estés seguro. Necesita que no te vayas.
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