El plan que Dios anunció antes de que vos existieras
Hay algo que me impresiona cada vez que lo pienso. Isaías escribe estas palabras hace casi tres mil años: "Anuncio lo porvenir desde el principio y desde la antigüedad lo que aún no ha sucedido." Tres mil años. Y lo que él anunció se cumplió. No en parte, no aproximadamente: se cumplió. ¿Sabés lo que eso significa? Que cuando Dios dice que tiene un plan, no es una frase motivacional. Es una declaración histórica verificable.
El propósito final de Dios, dice Efesios 1:10, es reunir todas las cosas en Cristo. Las del cielo y las de la tierra. Para alabanza de su gloria. No es un Dios improvisando sobre la marcha, reaccionando a lo que el hombre hace. Es un Dios que anunció el final desde el principio y lo está ejecutando con una precisión que no tiene parangón en ninguna religión, en ninguna filosofía, en ningún sistema de pensamiento humano.
Empezó en Génesis 3:15. Una sola línea, después de la caída. Dios le dice a la mujer: de tu simiente nacerá uno que pisará la cabeza de la serpiente. Eso era todo. No decía que iba a nacer en Belén, que iba a ser carpintero, que iba a predicar a los 30, que iba a morir en una cruz y resucitar al tercer día. Pero eso era exactamente lo que estaba anunciando. Y ochocientos años después, Gálatas 4:4 lo confirma: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer."
El cumplimiento del tiempo. Hay un tiempo. Hay un plan. Hay un punto de llegada. Y vos y yo estamos en el medio de esa historia, no como espectadores, sino como parte del plan.
"Pero, cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos."
Gálatas 4:4–5 · NVIMe encontré con una mujer en una plaza, una persona de buen nivel cultural, educada. Yo sabía que no era cristiana porque creía en la naturaleza, meditaba, esas cosas. Le pregunté sobre su fe y me dijo que había encontrado muchas incoherencias en el Dios de la Biblia. "Para mí," me dijo, "este árbol es mi dios." Y lo decía en serio, no metafóricamente.
Y yo pensé: dejó de creer en un Dios omnipotente, omnisciente, que existe por fuera del tiempo y del espacio, para creer en un árbol donde el perro viene a hacer pis. Y lo interesante es que esa decisión no fue intelectual. Fue moral. El problema con el Dios de la Biblia no es que no tenga lógica. Es que te demanda algo. Y eso, la gente no lo quiere.
"Recuerden las cosas pasadas, aquellas de antaño; yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios y no hay nadie igual a mí. Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo."
Isaías 46:9–10 · NVIHoy te propongo algo concreto. Buscá Génesis 3:15 y leelo. Una sola línea. Después buscá Gálatas 4:4 y leeló también. Dos textos separados por casi mil quinientos años, escritos por personas que no se conocieron, en culturas distintas, que dicen exactamente lo mismo. Dejá que eso te haga algo. No te pido que sientas algo extraordinario. Te pido que lo pensés. Que le des a tu mente el trabajo que le corresponde. La fe no es ciega: es informada.
Dios no está improvisando tu historia. Anunció el plan antes de que existieras y lo está cumpliendo. Eso no es un dato teológico para dejarlo en un cajón. Es la base sobre la que se para tu confianza en él hoy, con todo lo que estás viviendo.
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