Sabé en quién creíste
Alguien te va a preguntar hoy por qué creés en lo que creés. Puede ser un compañero de trabajo, puede ser tu propio hijo con una pregunta inocente, puede ser ese silencio tuyo a las cinco de la mañana que también pregunta. ¿Y qué le vas a decir? ¿Vas a decir "porque me crié así" o "porque lo siento"? Eso no alcanza, hermano. La emoción pasa. Lo que no pasa es lo que entendiste.
Napoleón decía que una bolsa cargada puede permanecer de pie, pero una bolsa vacía cae. Es una imagen simple y es devastadoramente cierta. Una persona que no sabe lo que cree, que no conoce la Biblia, que va al culto por costumbre o por emoción, esa persona cae al primer sacudón. Y sacudones hay todos los días.
Fijate en cualquier iglesia con 30 años de historia. En ese tiempo pasaron miles de personas. Miles. ¿Y cuántos quedaron? Cuarenta, cincuenta, cien. ¿Por qué la diferencia? La fórmula no cambia nunca: los que perseveraron invirtieron tiempo en estudiar la Biblia. Los que cayeron esperaban que la emoción los sostuviera. La emoción no sostiene a nadie.
Ahora bien, ¿qué es la Biblia? No es un libro de ciencia, aunque tiene datos que la ciencia no puede ignorar. No es un libro de historia, aunque contiene historia. No es un libro de poesía, aunque tiene los poemas más profundos que existen. La Biblia es el relato de un Creador santo que diseñó un plan para salvar a su creación pecadora. Eso es todo. De Génesis a Apocalipsis, hay un solo tema: Dios nos ama y quiere salvarnos. Un solo hilo conductor a través de 66 libros, 40 autores, tres idiomas, tres continentes y 1700 años. Eso no es casualidad. Eso es un plan.
"Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!"
Juan 5:39 · NVIHace unos años, en una zona de China perdida cerca de no sé qué lugar, unos misioneros paraguayos encontraron una comunidad de creyentes que no tenía la Biblia en su dialecto. Solo sabían lo básico: Cristo murió por ellos, resucitó, y ese era su Salvador. Nada más. Y esa gente es salva. ¿Por qué? Porque creyeron en la promesa con lo poco que tenían.
Ahora vos y yo que tenemos la Biblia completa, acceso a estudios, pastores, tecnología, todo. ¿Qué excusa tenemos para no conocerla? Ninguna. Ninguna en serio.
"De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza."
Romanos 15:4 · NVI¿Cuándo fue la última vez que abriste la Biblia no para una reunión, no para un devocional, sino para estudiarla vos, con tiempo, con mente? Esta semana elegí un solo libro. Uno. Puede ser Romanos, puede ser Juan, puede ser el que tengas más subrayado. Y dedicale quince minutos al día, no para sentir algo, sino para entender algo. La emoción viene después del entendimiento, no al revés. Y si sentís que «es muy aburrido», preguntate honestamente si no es que simplemente todavía no aprendiste a escuchar.
La Biblia no está en tu mesa para adornarla ni bajo tu brazo para que te vean. Está ahí porque Dios quiere instruirte. Quiere que sepas lo que él diseñó para vos y para la humanidad entera. Leela. Estudiala. Cargá la bolsa.
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