El único mediador que no te falla
Moisés era el hombre más manso del mundo. No el mejor estratega, no el más inteligente, no el más poderoso. El más manso. Yo conozco dos o tres personas más o menos mansas de verdad, y su sola presencia ya es un bálsamo. Moisés era eso al máximo que un ser humano puede ser. Y sin embargo, Dios le dijo claramente: no vas a poder ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y vivir. Si ni Moisés podía, ¿dónde quedamos vos y yo?
En Éxodo 19, el pueblo de Israel está al pie del monte Sinaí. El monte tiembla, hay fuego, humo, truenos. Y el pueblo le dice a Moisés: andá vos a hablar con Dios y traenos el mensaje. Nosotros nos quedamos acá abajo. Eso es un mediador: alguien que va donde vos no podés ir y te trae lo que vos no podés recibir directamente.
Pero Moisés era un pecador. No podía estar en la presencia de Dios por su propio mérito. ¿Y entonces cómo entró? A crédito. Cristo no había muerto todavía, pero el plan de Dios ya existía, y los beneficios de esa obra futura fueron aplicados a Moisés de antemano. Moisés fue salvo por Cristo, aunque Cristo aún no había ido a la cruz.
Y Pablo lo dice con una claridad que no da lugar a vuelta: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre." Uno solo. No María, no los santos, no el cura, no el pastor. Uno solo. Y ese mediador no es temporal como Moisés. Es definitivo. Su obra en la cruz no se repite porque no hace falta: fue de una vez para siempre.
O sea, vos que sentís que estás demasiado sucio para acercarte a Dios, que tu historial es demasiado largo, que viste demasiadas cosas que no debías ver y hiciste demasiadas cosas que no debías hacer. Ese mediador ya hizo el trabajo. La pregunta no es si sos digno. La pregunta es si lo recibís.
"¡En ningún otro hay salvación! Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos."
Hechos 4:12 · NTVHay una imagen que me quedó grabada. Messi, Ronaldo, los mejores del mundo, le dicen al técnico: a estos tres no los puedo tener en mi equipo, no sirven. Y detrás de ellos estás vos, con 45 años, sobrepeso y la rodilla hecha pelota, queriendo entrar a la cancha. ¿Qué posibilidades tenés?
Esa es exactamente nuestra posición delante de un Dios santo. Si Moisés, que fue el hombre más consagrado, más manso, más entregado de la historia, no podía entrar en la presencia de Dios por su propio mérito, ¿qué hacemos vos y yo que nos ponemos careta todo el día? En casa les gritamos a los nuestros y atendemos el teléfono del jefe con una sonrisa. Todos. Nadie se salva de eso. Y Dios lo sabe.
"Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,"
1 Timoteo 2:5 · NVIHoy, en algún momento del día, pará. Solo un minuto. Y decile a Dios algo así: "No vengo porque soy bueno. Vengo porque Cristo es el mediador y él ya hizo lo que yo no podía hacer." No hace falta que sea una oración larga ni perfecta. Lo que hace falta es que sea honesta. Y si hay algo en tu vida que todavía estás tratando de resolver sin él, hoy es un buen día para empezar a soltarlo.
No necesitás llegar limpio para acercarte al único mediador. Llegás sucio y él te limpia. Eso es exactamente para lo que vino. No busques otro camino: no existe.
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