Día 6
Día 6 de 7 12 de septiembre

La deuda ya estaba pagada antes de que la pidieras

Imaginá que le debés a alguien una cantidad de plata tan ridícula que ni te la puedo decir sin que te parezca exagerado. Diez millones de dólares, pongamos. Impagable. Y ese alguien tiene todo el derecho de mandarte preso. Y justo cuando ya no te queda ninguna salida, aparece otro tipo que dice "¿cuánto le debe? Tomá, acá está". Y paga. Todo. En efectivo. Y vos quedás libre sin haber puesto un solo peso.

Esa ilustración la usamos esta semana hablando de la salvación. Y es tan buena que la quiero estirar un poco más, porque creo que no terminamos de asimilarla del todo.

Bueno, ¿qué hace el juez cuando alguien paga la deuda de otro? No puede decir "no, quiero que él pague con su plata". El juez tiene que decir "deuda saldada". Ya está. No importa de dónde vino la plata, no importa quién la puso. La deuda no existe más.

Eso es lo que hizo Cristo en la cruz. Moisés, que representa la ley, no pudo entrar en la tierra prometida. Porque la ley sola no puede salvarte. Santiago 2:10 lo dice clarito: el que guarda toda la ley pero falla en un punto, es culpable de todo. ¿Y quién no falló en ningún punto? Nadie. Ningún rabino, ningún pastor, nadie.

Pero Josué sí entró. Y Josué es el tipo de Cristo. El que sí pudo cruzar, el que sí pudo introducir al pueblo, el que sí pudo dar lo que la ley nunca iba a poder dar.

Ahora, hay algo que me parece que hay que decirlo esta mañana porque es donde mucha gente se traba: el regalo ya está puesto sobre la mesa. Ya está. No tenés que ganártelo, no tenés que merecer recibirlo, no tenés que llegar a un nivel espiritual suficiente para que aplique a tu caso. La única manera de no recibirlo es decirle que no. Y hay gente que vive así, ¿eh? Viviendo como si la deuda siguiera ahí, cargando culpa de pecados que ya fueron pagados, achicándose delante de Dios como si todavía debieran algo.

Hermano, la cuenta fue saldada. No por vos. Por él. Recibilo.

"Ahora bien, en tal reposo entramos los que somos creyentes, conforme Dios ha dicho: «Así que, en mi enojo, hice este juramento: “Jamás entrarán en mi reposo”». Es cierto que su trabajo quedó terminado con la creación del mundo,"

Hebreos 4:3 · NVI

El otro día estaba hablando con un muchacho, joven, veintipocos años, que me decía que no podía ir a Dios porque había hecho demasiadas cosas malas. Le pregunté cuáles. Me empezó a contar. Escuché todo. Y cuando terminó le dije: "Mirá, yo no sé si lo que hiciste es mucho o poco. Pero te voy a decir algo: la sangre de Cristo no tiene un límite de deuda que cubre. No dice 'hasta aquí nomás'. Cubre todo o no cubre nada, y la Biblia dice que cubre todo". Se quedó callado un rato. Me dijo: "¿Y así nomás?". Le dije: "Así nomás. El precio ya se pagó. Vos solo decidís si lo aceptás o no." No hay una cantidad de pecado que deje afuera a alguien que quiere entrar.

II Versículo

"pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo."

Juan 1:17 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta mañana, antes de arrrancar con el sábado y los mil mandados, sentate un momento con esto: ¿hay alguna cosa que seguís cargando como si Dios todavía te la estuviese cobrando? Un error viejo, una vergüenza, algo que hiciste y que cada tanto aparece a recordarte que no sos suficiente. Ponele nombre. Y después decile en voz alta, aunque suene raro, "esto ya fue pagado". No porque lo merezcas. Porque él lo pagó. Y no aceptar ese pago no es humildad. Es incredulidad disfrazada de humildad.

Josué cruzó el Jordán porque creyó que Dios iba a cumplir lo que prometió. Vos cruzás porque creés que Cristo ya cumplió lo que prometió. La tierra prometida no se gana. Se recibe. Y ya está disponible.

Emilio
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