Día 1
Día 1 de 7 7 de septiembre

Tu Josué ya cruzó el Jordán

Hay un nombre en el Antiguo Testamento que en hebreo suena idéntico al nombre de Jesús. Yehoshua. Josué. Los dos significan lo mismo: Jehová salva. No es casualidad. Es una señal que Dios dejó enterrada en la historia miles de años antes de que Cristo pisara la tierra.

Josué no es solamente un libro de liderazgo militar. No está ahí para que los generales de West Point saquen estrategias, aunque las saquen. Está ahí para que vos y yo entendamos algo sobre nuestra propia salvación.

Moisés representa la ley. Recibió los mandamientos en el Sinaí, lideró al pueblo cuarenta años por el desierto, y cuando llegó al borde mismo de la tierra prometida, se quedó afuera. ¿Por qué? Porque golpeó la roca dos veces cuando Dios le había dicho una. Un arrebato de ira. Y eso fue suficiente para que no pudiera entrar.

Ahí está el problema con la ley, hermano. Santiago 2:10 lo dice sin anestesia: el que guarda toda la ley pero falla en un punto, es culpable de todo. Es como cruzar en rojo. No importa que hayas estacionado bien toda tu vida. Cruzaste. La infracción existe. Y Moisés, que representaba la ley, no pudo darte lo que necesitabas.

Entonces entra Josué. Mismo punto geográfico, orillas del Jordán, pero otra historia. Josué sí cruza. Josué sí introduce al pueblo. Y eso es una tipología, una sombra, una prefiguración de lo que Jesús haría de manera espiritual y eterna: llevarnos a una conquista que Josué nunca pudo lograr, porque la de Josué fue temporal. La de Cristo es para siempre.

Josué le creyó a Dios. Jesús le creyó perfectamente a Dios. Josué obedeció a Dios. Jesús obedeció perfectamente a Dios. Josué guió al pueblo a la tierra. Cristo nos lleva a la salvación. ¿Ves el paralelo? La Biblia no lo esconde. Lo pone ahí para que lo veamos.

"Porque, si Josué les hubiera dado el reposo, Dios no habría hablado posteriormente de otro día. Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios;"

Hebreos 4:8–9 · NVI

Cuando Jesús iba camino a Emaús después de resucitar, caminó con dos discípulos que no lo reconocieron. Y les abrió las Escrituras y les mostró todo lo que el Antiguo Testamento hablaba de él. Todo. No solo algunos versículos marcados con asterisco. Todo. Génesis 3:15, la profecía mesiánica a Adán y Eva. La serpiente de bronce en el desierto que Jesús mismo cita en Juan 3. Los animales sacrificados para cubrir la desnudez de Adán. Todo apunta a él. Y Josué, con su nombre, con su misión, con su cruce del Jordán, apunta a él también.

II Versículo

"pues la Ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo."

Juan 1:17 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes de que arranque el día, hacete una sola pregunta: ¿En qué estás confiando para estar bien con Dios? ¿En tu esfuerzo, en tu conducta, en los años que llevás en la iglesia? La ley no te puede meter en la tierra prometida. Nunca pudo. Lo que te lleva es el Josué mayor, Cristo. Confiá en él hoy. No en tu récord.

Moisés te muestra lo que deberías ser y no podés. Josué te muestra quién ya lo hizo por vos. Su nombre lo dice todo: Jehová salva. Y lo hizo.

Emilio
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