A ti volvemos nuestros ojos
Esta semana arrancaste con una oración de rey que dijo en voz alta lo que muchos no nos animamos a decir ni en silencio: 'No sé qué hacer.' Y si llegaste hasta acá, hasta este domingo, algo de eso te movió. Quizás porque lo estás viviendo. Quizás porque lo viviste y sabés de qué se trata. O quizás porque en algún momento de esta semana, mientras leías, se te cruzó esa situación que llevás adentro y que todavía no tiene nombre claro.
Vamos a hacer un repaso, no como ejercicio, sino porque creo que vale la pena ver el camino recorrido.
El lunes nos encontramos con Josafat diciéndole a Dios la verdad: 'No tenemos fuerza. No sabemos qué hacer. Pero a ti volvemos nuestros ojos.' Tres frases que parecen derrota y son el comienzo de la fe.
El martes entramos en la humildad. No la humildad sentimental, la humildad real, la que se anima a buscar consejo, a reconocer que no llegás solo, a no preferir el orgullo antes que la gracia. Y Dios da gracia al humilde. No es metáfora, es mecánica espiritual.
El miércoles vimos ese 'pero' que lo cambia todo. 'No tenemos fuerza… pero a ti volvemos nuestros ojos.' La fe no niega el problema. Lo que hace es decidir quién tiene la última palabra. Y esa decisión, ese movimiento de los ojos, es lo que abre el canal.
El jueves nos pusimos serios con algo que a veces se malentiende: la fe no te saca del campo de batalla, te da compañía en él. Josafat tuvo que salir a pelear aunque Dios le prometió la victoria. Fe y obediencia van juntas, no separadas.
El viernes recordamos que ninguna situación difícil es permanente. Y que el enemigo vive de hacerte creer que sí lo es, para que tomes decisiones permanentes por situaciones momentáneas.
El sábado fuimos al fondo del asunto: lo más importante ya está resuelto. Consumado es. La batalla contra el pecado y la muerte ya fue ganada. Todo lo demás, con todo lo que duele y pesa, es añadidura.
Y hoy, domingo, llegamos al mismo punto donde Josafat empezó: mirando a Dios. Pero hoy ya no miramos al cielo con incertidumbre. Miramos una cruz vacía y un sepulcro vacío. Y eso cambia todo lo que vimos en la semana.
"Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros."
Romanos 5:8 · NVIPensá en alguien que lleva años orando por algo que no se resolvió. Un hijo que sigue tomando malas decisiones. Un matrimonio que no termina de sanar. Una situación económica que va y viene. Y sin embargo, sigue orando. No porque tenga garantías de resultado, sino porque aprendió que la alternativa, que es vivir con los ojos puestos en el problema, es peor. Esa persona no tiene una fe perfecta ni sin dudas. Tiene una fe que eligió, aunque duela, aunque cueste, mirar a otro lado. Un día me dijo alguien así: 'Ya no sé si Dios va a resolver esto como yo quiero. Pero sé que prefiero no saberlo con él que saberlo sin él.' No lo pudo decir mejor. Eso es exactamente lo que Josafat hizo en el valle. Y es lo que nosotros podemos hacer hoy.
"Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! Pero en ti hemos puesto nuestra esperanza»."
2 Crónicas 20:12 · NVI¿Qué hacés con todo esto hoy? Una sola cosa. Antes de que empiece la semana, antes de que el lunes te agarre con sus tres ejércitos nuevos, tomá un momento y decile a Dios exactamente lo que Josafat le dijo. Con tus palabras, sin teología perfecta, sin caretas. 'No sé qué hacer. No tengo fuerza suficiente. Pero mis ojos están en vos.' Eso es suficiente. Eso fue suficiente para Josafat. Y puede ser suficiente para vos también. La fe no empieza cuando tenés todas las respuestas. Empieza exactamente ahí, cuando reconocés que no las tenés y elegís mirar a él de todas formas.
Esta semana entera fue sobre eso: aprender a mover los ojos. Del problema a Dios. Del miedo a la fe. De la insuficiencia propia a la suficiencia de Cristo. No resolvimos nada mágicamente. Pero aprendimos dónde mirar. Y eso, a veces, es todo lo que hace falta para que Dios empiece a moverse. A ti volvemos nuestros ojos.
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