Día 6
Día 6 de 7 8 de agosto

Lo más importante ya está resuelto

A ver, te pregunto algo y quiero que te lo tomés en serio: si hoy a la noche te vas con el Señor, ¿estás seguro de que te vas al cielo? No me respondas a mí. Respondete a vos. Porque esta semana estuvimos hablando de ejércitos, de crisis, de mirar a Dios en medio del caos, y todo eso es real y importante. Pero hay una batalla que es infinitamente más grande que cualquier problema que vos estés viviendo ahora. Y esa batalla ya fue peleada. Y ya fue ganada.

Miren, yo no quiero que se me pierda esto entre todos los principios prácticos que vimos esta semana. Fe que empieza cuando reconocemos nuestra insuficiencia, humildad, cambiar el punto de mira, obediencia activa. Todo eso es verdad y sirve. Pero hay algo que está por debajo de todo eso, que es el fundamento real.

Josafat fue un rey que enfrentó tres ejércitos. Impresionante. Pero siglos después apareció alguien mucho mayor que Josafat. No peleó en un valle. Peleó en una cruz. Y no peleó contra un ejército humano. Peleó contra el pecado, contra la muerte, contra la separación eterna de Dios. Esa es la batalla más grave que existió en toda la historia. Y la ganó.

Romanos 5:8 dice algo que debería detenernos cada vez que lo leemos: 'Siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.' No cuando éramos buenos. No cuando lo merecíamos. Cuando éramos el problema. Ahí fue que él actuó.

O sea, la mayor crisis de la humanidad no fue económica, no fue militar, no fue una pandemia. Fue la separación de Dios por el pecado. Y eso ya tiene solución. Ya fue resuelto. Juan 19:30: 'Consumado es.' No fue el grito de un derrotado. Fue el anuncio de una victoria.

Entonces, ¿por qué te digo esto un sábado a la mañana? Porque a veces nos pasamos la semana pidiendo a Dios la añadidura y nos olvidamos de que ya tenemos lo principal. Si estás en Cristo, ya tenés lo más importante. Todo lo demás, el trabajo, la salud, el matrimonio, los hijos, es añadidura. Valiosa, importante, real. Pero añadidura al fin.

"Al probar Jesús el vinagre, dijo: ―Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu."

Juan 19:30 · NVI

Una vez una señora mayor, de esas que ya tienen los años encima y hablan clarito, me dijo algo que no se me fue más. Le preguntaron cómo estaba en medio de un problema de salud bastante serio, y ella respondió: 'Había sido que estoy bien. Lo más importante ya lo tengo.' Así nomás. Sin drama, sin negación, sin fingir que no le dolía. Pero con una claridad que te desarmaba. Lo más importante ya lo tenía. La eternidad asegurada, la relación con Dios restaurada, la paz que no depende de las circunstancias. Todo lo demás era real, pero no era lo definitivo. Eso es lo que Josafat entendió también: antes de salir al campo de batalla, puso en orden lo primero. Y lo primero era su relación con Dios, no el resultado de la guerra.

II Versículo

"Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros."

Romanos 5:8 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, sábado, antes de que empiece el ruido del fin de semana, hacé una sola cosa: agradecé por lo que ya tenés resuelto. No por lo que esperás que Dios haga. Por lo que ya hizo. La salvación. El perdón. La eternidad asegurada. Si todavía no tomaste esa decisión, hoy es un buen día. No necesitás tener todo arreglado primero. No necesitás venir con la vida ordenada. Venís como estás, con lo que tenés, y se lo entregás a él. Eso es exactamente lo que Josafat hizo: vino con su insuficiencia, con su miedo, con su 'no sé qué hacer'. Y Dios respondió.

Esta semana hablamos de batallas difíciles. Pero la batalla más difícil ya fue ganada por vos, en una cruz, por alguien que te amó antes de que vos pudieras hacer algo al respecto. Descansá en eso hoy. Lo más importante ya está resuelto.

Emilio
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