Día 1
Día 1 de 7 3 de agosto

Decilo tal cual: no sé qué hacer

Tres ejércitos. No uno, no dos: tres. Se pusieron de acuerdo para venir contra Josafat y todo Judá. Y cuando llegan los mensajeros con la noticia, la Biblia dice algo que me encanta porque humaniza al rey de una manera que a veces no nos permitimos a nosotros mismos. Dice: 'Entonces él tuvo temor.' No fingió. No armó un discurso de liderazgo. Tuvo miedo. Y lo dijo.

Josafat era rey. Tenía ejército, tenía consejeros, tenía historia de victorias. Y aun así, cuando la situación lo superó, no negó la realidad. Su oración en Segunda de Crónicas 20 no es una oración de héroe. Es la oración de alguien que está contra la pared y lo sabe: 'No tenemos fuerza contra tan grande multitud. No sabemos qué hacer.'

Ahora, ¿por qué nos cuesta tanto decir eso? ¿Por qué queremos fingir ser fuertes cuando no somos fuertes? Yo creo que confundimos fe con actuación. Pensamos que si reconocemos que no podemos, algo falla en nuestra espiritualidad. Y no. Todo lo contrario.

Admitir que no alcanzás no es falta de fe. Es el comienzo de la fe. Porque mientras tengas todavía una puerta más que golpear, un contacto más que llamar, un poco de platita guardada en algún lado, no recurrís a Dios de verdad. Recurrís a él cuando ya no queda nada más. Y eso, hermano, es exactamente lo que él espera. No para humillarte, sino porque un corazón que todavía se cree suficiente no escucha la voz de Dios.

El rey Josafat reconoció tres cosas en su oración: no tenemos fuerza suficiente, no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos. Tres verdades. Y esas tres verdades le abrieron el camino a la victoria más improbable de su historia.

Me acuerdo de algo que me dijo un amigo hace ya unos quince años, alguien que me educó mucho. Me dijo: 'Tu problema es que pensás que ya sabés todo. Y es imposible enseñarle algo nuevo a alguien que ya piensa que sabe todo.' Me dolió. Pero tenía razón. Yo andaba con las manos llenas de mis propias respuestas, y Dios nunca llena las manos de alguien que ya las cree llenas. Tuve que aprender a decir 'no sé' para que él pudiera empezar a mostrarme. Y miren que no fue rápido ese proceso, ¿eh?

II Versículo

"Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! Pero en ti hemos puesto nuestra esperanza»."

2 Crónicas 20:12 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes de arrancar el día, pará un momento. Solo un ratito. Y en vez de abrir el teléfono o prender el televisor, hacé lo que hizo Josafat: decile a Dios exactamente cómo estás. Sin caretas. Si tenés miedo, decís 'tengo miedo'. Si no sabés qué hacer, decís 'no sé qué hacer'. No te preocupes por sonar bien. Él ya sabe cómo estás, y no necesita que le actúes fe. Necesita que le abras el corazón de verdad. Esa honestidad, eso es fe también. Quizás la más real que hayas tenido en mucho tiempo.

La oración más honesta que podés hacer hoy no es una oración larga ni teológicamente perfecta. Es esta: 'Señor, no sé qué hacer, y mis ojos están en ti.' Josafat la hizo. Y Dios respondió. Puede responder también en lo tuyo.

Emilio
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1 comentario

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Noemi Prieto 04/08/2026

Lo estaba necesitando!! Tengas varios “no se que hacer”

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3 min