Día 2
Día 2 de 7 4 de agosto

La humildad que Dios no puede resistir

Escuchá esto: Dios da gracia al humilde, pero resiste al soberbio. ¿Sabés lo que significa que Dios te resista? Imaginate un momento eso. Imaginate que el Dios del universo, el que mueve las circunstancias, el que abre puertas, el que tiene la última palabra, se ponga en posición de resistirte a vos. No de ignorarte, de resistirte. Es una imagen fuerte. Y sin embargo, muchas veces vivimos exactamente en esa posición sin darnos cuenta.

Ayer vimos que la fe empieza cuando reconocemos nuestra insuficiencia. Hoy vamos un paso más adentro: ¿por qué nos cuesta tanto reconocerla?

En la prédica de esta semana aparece algo que me parece clave: muchas de las peores decisiones en una familia, en una iglesia, en una vida, nacen porque alguien tuvo miedo de reconocer que no sabía qué hacer. Entonces, en vez de buscar consejo, de preguntar, de humillarse, hace algo. Cualquier cosa. Para no quedar expuesto.

Josafat pudo haber hecho eso. Era el rey. Tenía generales. Tenía ministros. Se le acercan todos y le preguntan: 'Mi rey, ¿qué hacemos?' Y él dice: 'Ni idea, muchachos.' Eso requiere una humildad que muy poca gente tiene cuando está en posición de poder.

Ahora, el resultado de esa humildad fue que todo el pueblo se unió en oración. Niños, mujeres, ancianos, todos juntos delante de Dios. Y fue en ese contexto donde el espíritu de Jehová habló a través del profeta Jahaziel. La humildad de un rey abrió el canal por donde llegó la respuesta de Dios.

Dice la Palabra del Señor que Dios da gracia al humilde. ¿Sabés qué es gracia? Es un regalo inmerecido. O sea, Dios te da algo que no ganaste, que no merecés, solo porque te acercaste a él con el corazón abierto. Y yo necesito de eso todos los días. En mi matrimonio necesito gracia. En mi familia necesito gracia. En lo económico necesito gracia. No puedo darme el lujo de andar orgulloso.

"Con el orgullo viene la deshonra; con la humildad, la sabiduría."

Proverbios 11:2 · NVI

Me acuerdo de lo que dijo una vez un hombre de negocios, alguien que construyó algo grande de verdad. Le preguntaron cuál era su secreto. Y dijo: 'Yo no soy más inteligente que nadie. Pero aprendí a rodearme de gente que sí lo es.' O sea, su mayor logro no fue su inteligencia, fue su humildad para reconocer los límites de su inteligencia. Eso lo llevó a escuchar, a preguntar, a buscar consejo antes de tomar decisiones. Y Josafat hizo exactamente eso: en vez de armar un plan de guerra con sus generales, juntó a todo el pueblo y buscaron a Dios juntos.

II Versículo

"Pero él nos da más gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes»."

Santiago 4:6 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy te propongo algo concreto: identificá una situación en tu vida donde estás tomando decisiones solo, sin consultar a nadie, quizás porque te da vergüenza reconocer que no sabés qué hacer. No tiene que ser algo enorme. Puede ser algo familiar, algo laboral, algo económico. Y buscá una persona de confianza, alguien que entienda del tema, y preguntale. Hacé lo que dice la Biblia: en la multitud de consejeros hay sabiduría. La gracia de Dios muchas veces llega empaquetada en la palabra de alguien que nos quiere bien.

Orgulloso no podés recibir lo que Dios quiere darte. No porque Dios no quiera dártelo, sino porque el orgullo cierra las manos. Abrí las manos hoy. Reconocé que no llegás solo. Eso no es debilidad, es el primer movimiento de alguien que está a punto de ver la mano de Dios.

Emilio
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