Declaralo de verdad, no de memoria
Hay un versículo que casi todos saben de memoria. Lo aprendiste en la escuela dominical, lo escuchaste en un velorio, capaz que lo tenés pegado en la heladera. "Jehová es mi pastor, nada me faltará." Pero memorizarlo no es lo mismo que vivirlo. Y hoy quiero que te preguntes algo incómodo: ¿es realmente tuyo ese salmo, o solo lo recitás?
El Salmo 23 no está solo en la Biblia. Lo que muy poca gente nota es que viene justo después del Salmo 22. Y el Salmo 22 es oscuro, hermano. No hay pastos verdes ahí, no hay aguas tranquilas, no hay alma consolada. Nada. El primer versículo del Salmo 22 es el grito que Jesús lanzó desde la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Eso no es poesía decorativa. Eso es el fondo del pozo.
Mi pastor sabe que hoy tengo que enfrentar esto
Entonces el Salmo 23 no aparece en un día de sol. Aparece después de la oscuridad. Primero viene el dolor del Mesías, después viene la gracia del Mesías. Y así también en tu vida: primero el quiebre, después la declaración. "El Señor es mi pastor" no es el slogan de un cristiano que nunca pasó nada. Es la declaración de alguien que tocó fondo y encontró al único que puede sostenerlo.
Ahora fijate en algo. David no dijo "espero que el Señor sea mi pastor" ni "pido que el Señor sea mi pastor". Dijo: es. Tiempo presente. Activo. Continuo. No fue, no será algún día. Es. Y esa palabra chiquita —mi— es la más poderosa de todas. No dice "el Señor es pastor del mundo", aunque también lo es. Dice mi pastor. Eso es intimidad. Eso es alianza. Eso es una declaración de dependencia total en el único que sabe adónde ir.
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás lejos para salvarme, tan lejos de mis gritos de angustia?"
Salmos 22:1 · NVIYo aprendí el Salmo 23 de memoria de chico, me lo enseñó mi abuela. Me lo sabía perfecto. Pero había partes que no entendía para nada. "Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores." ¿Qué significa eso? ¿Una mesa? ¿Adónde? Crecí sabiendo las palabras sin saber lo que decían. Y eso me pasa a mí, te pasa a vos, nos pasa a todos. Repetimos el salmo como un escudo mágico y no nos detenemos a preguntar qué está diciendo realmente. Significa que Dios te va a premiar, te va a levantar, te va a honrar frente a los ojos de los que te difamaron, de los que te dieron la espalda, de los que apostaron a que ibas a caer. Eso dice. No es decoración, es una promesa con destinatario concreto.
"El Señor es mi pastor, nada me falta;"
Salmos 23:1 · NVIHoy, antes de que empiece el día, decí en voz alta: "El Señor es mi pastor." No lo recites. Decilo como una declaración. Si podés, ponele contenido: "Mi pastor sabe que hoy tengo que enfrentar esto. Mi pastor conoce esa situación con mi hijo, con mi trabajo, con mi salud." La palabra "mi" es personal. Usala así. No como fórmula, sino como conversación.
Este salmo te pertenece si el que está adentro es realmente tu pastor. No el pastor de los domingos, no el pastor de la crisis. El de todos los días, el del martes a las 7 de la mañana cuando no tenés ganas de nada. Ese. Empezá la semana declarándolo.
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