Nada me faltará (pero el dólar sigue subiendo)
Mirá, yo sé que cuando leés "nada me faltará" hay una parte tuya que piensa: "Lindo verso, pero el precio del alquiler subió de vuelta, el chico necesita útiles, y yo estoy sin trabajo hace tres meses." Y no te juzgo. Esa tensión es real. La pregunta es qué significa realmente "nada me faltará", porque si lo tomamos como una promesa de prosperidad material automática, la Biblia misma nos va a contradecir en cinco minutos.
Cuando era cristiano más joven, había un versículo que me frustraba. Efesios 1:3. Dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales." Yo hubiera querido que dijera "bendición material en este mundo". Con veinte años, eso era lo que necesitaba escuchar. Pero el tiempo pasa, uno madura, ve tanto dolor, visita hospitales, habla con gente que tiene todo el dinero del mundo y está vacía, y se da cuenta de que la provisión más urgente no entra por el banco.
Una vez fui a orar a una clínica. Le pregunté a un paciente: "¿Necesitás algo?" Me dijo: "Necesito todo. No tengo plata para el remedio, estoy lejos de mi familia. Pero eso ahora no me importa. Lo que yo necesito es una palabra de fe. Eso es lo que más me falta, pastor." Nunca me olvido de eso. Nunca.
Ahora, ojo, no te estoy diciendo que la necesidad material no importa. Sócrates fue al mercado y le preguntaron qué había visto. Dijo: "Un montón de cosas que no necesito." Y eso que no había shopping en esa época. La Biblia dice: "Con que tengamos sustento y abrigo, estemos contentos." Duro, sí. Pero real. La provisión de Dios es fundamentalmente espiritual: la oración, la palabra, la fe. Y el que tiene fe, aunque no tenga nada, tiene todo. El que no tiene fe, aunque tenga todo, no tiene nada. Ese es mi lema de vida y lo sostengo.
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Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento 6:6 · NVINuestro pastor amigo Rubens estuvo en un lugar en África donde citaron la reunión al mediodía. ¿Sabés por qué al mediodía? Porque la gente de distintas tribus salía caminando desde las 5 de la mañana descalza para llegar a tiempo. Algunos tardaban seis horas. Venían cantando en su idioma: "Dios es bueno, Dios es bueno." Y traían cajitas de madera con banana negra para desayunar. Dos hombres llegaron con su mejor ropa —un saquito sucio, gastado— y el pastor les preguntó de dónde venían. "Venimos de tal lugar. Salimos hace dos días." "¿Y comieron?" "No, pastor. Declaramos ayuno para que el Señor nos bendiga." Dos días sin comer, seis horas caminando, y llegaron cantando. Y al terminar el culto a las 2 de la tarde, salieron bailando, sin merienda porque ya no había banana. Ahora acordate de la última vez que no fuiste al culto porque llovía o porque el auto andaba mal. Yo no te digo esto para que te sintas mal. Te lo digo para calibrar el corazón. Que es muy distinto.
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. (Efesios 1:3)"
Desconocido 0 · NVIHoy hacé un ejercicio raro: listá tres cosas que tenés y que dabas por sentadas. No las grandes, las chicas. Que hoy podés leer esto. Que hay comida. Que alguien en algún lugar te quiere. La gratitud no es ingenuidad ni resignación. Es el músculo que te permite ver lo que el afán te nubla. Y ese músculo se entrena, igual que cualquier otro. Empezá hoy, ratito nomás.
"Nada me faltará" no es una promesa de cuenta bancaria sana. Es una promesa de que el pastor sabe lo que necesitás y va a proveerte en el momento justo. A veces eso llega en forma de dinero. Y a veces llega en forma de una palabra de fe en el momento más oscuro. Las dos cosas son provisión. Las dos cuentan.
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