Día 5
Día 5 de 7 24 de abril

Rendite de una vez (que el problema ya te está esperando afuera)

Mirá, te voy a ser sincero desde el principio: cuando terminás un culto, cuando cerrás este devocional, cuando apagás el teléfono, el problema no se fue a ningún lado. Está ahí, parado en la puerta, esperándote. Te agarra la mano y se va con vos de vuelta a casa. Es así. Y lo digo porque hay una ilusión muy común entre nosotros los creyentes: creemos que la paz es lo que sentimos cuando no hay lío. Y no. La paz es lo que tenés adentro cuando el lío está en su peor momento.

Esta semana estuvimos dando vueltas alrededor del Salmo 23, y hoy quiero que nos detengamos en algo que se dice rápido pero pesa toneladas: "En lugares de delicados pastos me hará descansar." No dice "me dejaré descansar". Dice me hará. El pastor hace descansar a la oveja. ¿Por qué el pastor tiene que hacerla? Porque la oveja, aunque esté alimentada, aunque esté cuidada, no sabe parar sola.

Y acá viene lo nuestro: nosotros tampoco. Somos humanos genéticamente afanosos. El sistema nos agobia, el celular nos roba el sueño, la ansiedad nos despierta a las 2 de la mañana y ya no volvemos a dormir. Y, ¿sabés qué hacemos cuando estamos al límite? Más actividad. Más pantalla. "Vamos de viaje, vamos a comer, compremos algo." Eso te dispara la dopamina dos horas y después se acaba. El alma no se llena así.

Ahora, ¿cuál es el problema de fondo? Que el descanso genuino requiere rendición. Y rendirse suena a derrota. En el siglo de la autonomía, del "yo me las arreglo", del "yo elijo mis caminos", rendirse es lo último que queremos hacer. Pero escuchame: el Salmo 23 no promete pastos verdes a los que se las arreglan solos. Promete pastos verdes a las ovejas. Y la oveja que se separa del pastor no descansa, se pierde. O peor, la comen.

Proverbios 3 lo dice clarito: "Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas." Fijate que dice todos tus caminos. No los caminos espirituales. No los caminos del domingo. Todos. El laburo, la pareja, los hijos, las decisiones de plata, todo. Rendición total. Y eso, hermano, eso es lo que produce descanso real.

Una vez un amigo me contó que mandó a traer un vehículo de otro país. De otro país, porque acá no conseguía esa marca, ese año. Hizo todo el trámite, fue al puerto, lo retiró con una emoción enorme. Me dijo: "Pastor, ese auto me hizo feliz exactamente dos veces. Cuando lo compré y cuando lo vendí." Todo el tiempo del medio, nada. Ni un ratito más de felicidad. Y él me lo dijo así, seco: "Me di cuenta de que nada te llena el alma." Era cristiano. Sabía la respuesta. Pero igual había ido a buscarla al puerto. O sea, no te cuento esto para reírme de él, porque yo soy igual. Somos iguales. Buscamos el descanso en el lugar equivocado y después nos sorprendemos de que no llega.

II Versículo

"Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas."

Proverbios 3:5–6 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes de que empiece el fin de semana y te llene de actividad para no pensar, hacé una sola cosa: identificá el problema que más te está quitando el sueño, el que está esperándote en la puerta. Y en lugar de buscarle una salida nueva, orá esto: "Señor, este problema no lo puedo manejar yo solo. Reconozco que sos mi pastor. Te lo entrego." No es fórmula mágica, es rendición real. Y la rendición real empieza con una oración honesta, no con una bonita. Si tenés diez segundos para hacer eso ahora mismo, son los diez segundos más útiles del día.

El descanso es un acto de obediencia. Solo descansa el que confía. Y si no podés parar, no es que sos muy responsable: es que todavía no le creés del todo al pastor. Hoy es un buen día para empezar.

Emilio
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