Día 3
Día 3 de 7 22 de abril

El descanso que no encontrás en ningún otro lado

Te compro el cuento de que estás cansado. No lo dudo. Pero te pregunto algo: ¿de qué estás cansado exactamente? Porque hay cansancio de trabajo, y hay cansancio de alma. Y la mayoría de la gente que conozco que dice estar agotada no está agotada de trabajar demasiado. Está agotada de cargar sola lo que no estaba diseñada para cargar.

El Salmo 23 dice algo que parece sencillo y no lo es: "En lugares de delicados pastos me hará descansar." Fijate que no dice "me voy a descansar" ni "busco descanso". Dice me hará. El pastor hace descansar a la oveja. Porque la oveja, por naturaleza, no sabe parar. Nosotros, los seres humanos, somos inquietos por naturaleza. Aunque estemos cuidados y alimentados, nos cuesta someternos al descanso. El sistema nos agobia, el celular nos roba el sueño, la ansiedad nos despierta a las 2 de la mañana y ya no podemos volver a dormir.

Y fijate lo que hacemos cuando estamos al límite: vamos de viaje, salimos a comer, compramos algo, más actividad, más ruido, más pantalla. Eso te dispara la dopamina por dos horas y después se acaba. Un amigo me contó que se mandó traer un vehículo de otro país, uno que no conseguía acá. Hizo todo el trámite, fue al puerto, lo retiró con una emoción enorme. Y me dijo: "Pastor, ese auto me hizo feliz dos veces. Cuando lo compré y cuando lo vendí." Todo el tiempo del medio, nada. El alma no se llena así.

El descanso verdadero no es ausencia de problemas. Es presencia de confianza. Jesús durmió en la barca en medio de la tormenta. No porque el mar estuviera calmo. Porque él sabía quién controlaba el mar. Ese es el descanso que el pastor quiere darte. Pero primero necesita romper tu resistencia. Y muchas veces eso duele.

"6)"

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu pro 3:5 · NVI

El año pasado, en julio, me agarró un mareo que no me dejó por seis meses. El ochenta por ciento del día, mareado. Hice todos los estudios posibles: vista, oído, hormonas, análisis de sangre, el correo con los resultados era así de largo. Todo normal. Al final fui al neurólogo, me hizo una resonancia con contraste, y me dijo: "Emilio, andá a descansar." Nada más. En enero me fui cinco días a San Bernardino, a la casa de un amigo. Sin agenda, sin reuniones. Me despertaba a las 9, a las 10. Leía. Me tranquilizaba. Después fui a Barrero Grande. Otros días más. Volví, y el mareo había desaparecido. Totalmente. Mi cuerpo me estaba diciendo lo que yo no quería escuchar: que tenía que parar. Y Dios también me lo decía. Pero yo seguía corriendo.

II Versículo

"3)"

En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a ag 23:2 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

Hoy hacé una sola cosa: identificá qué es lo que te está robando el descanso real. No el sueño, el descanso del alma. ¿Es una preocupación que seguís cargando sola? ¿Es una situación que no le entregaste a Dios de verdad? Escribilo. Ponelo en palabras. Y después decile al Señor: "Esto es tuyo. Yo lo cargo hace demasiado tiempo y no puedo más." Eso es rendición. Y la rendición es el primer paso hacia el pasto verde.

El descanso es un acto de obediencia. Solo descansa el que confía. Y si no podés parar, no es que sos muy responsable: es que todavía no le creés del todo al pastor. Hoy es un buen día para empezar a creerle.

Emilio
20
0
1

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

4 min