Día 5
Día 5 de 7 8 de mayo

Dios no quiere tu billete roto

La adoración no es solo lo que decís que le das a Dios. Es lo que realmente le das. Y Dios lo ve todo, hasta el billete arrugado del sobre.

Bueno, llegamos al viernes y quiero que te rías un poco conmigo, pero que también te pique. Porque esto que te voy a contar parece un detalle menor. Parece una anécdota. Pero no lo es.

El pastor contó algo que pasó en la iglesia. Cuando se hace el conteo de la ofrenda, aparecen billetes de cien dólares, de cincuenta dólares, nuevitos, listos. Y también aparecen billetes rotos, doblados, usados, esos que nadie quiere en el bolsillo. ¿Por qué alguien pondría en el sobre para Dios lo que ya no le sirve a él?

Ahora, hermano, antes de que te rías del vecino, pará. Porque esto no es solo del billete. Es una radiografía del corazón. La actitud con la que le das algo a Dios dice todo sobre lo que creés de él. Si le das lo que sobra, lo que ya no sirve, lo que te incomoda guardar, estás diciéndole: "Vos no valés lo mejor que tengo."

Esto no es manipulación. Es la enseñanza de Malaquías 1:7. Dios le dice a Israel: "Me ofrecieron animales ciegos, cojos, enfermos." No falsas deidades, no dioses paganos. Le ofrecieron al verdadero Dios. Con el ritual correcto. Con el altar correcto. Pero con la peor actitud. Con lo que sobraba. Con lo que le costaba menos.

Y Dios lo rechazó. Es así. Es así.

El problema no es cuánto das. El problema es desde dónde das. Desde el corazón que dice "Dios merece lo mejor" o desde el corazón que calcula qué es lo mínimo que puede entregar sin sentirse mal. Esa diferencia, hermano, no la ve nadie más que Dios. Y vos.

""Honra a Jehová con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos.""

Proverbios 3:9 · NVI

El pastor contó que de niño, su abuela y su mamá tenían una costumbre hermosa. Antes de ir a la iglesia, tomaban el billete de la ofrenda, lo ponían sobre una tela y lo planchaban. Planchaban el billete. Y a veces el papá lo llevaba al Banco Central a cambiarlo por uno nuevo, de esos que crujen cuando los doblás. ¿Por qué? Porque era para el Señor. Porque llevaban a Dios lo mejor que podían conseguir. Eso no es religiosidad vacía. Eso es una actitud del corazón que dice: "El que recibe esto vale más que yo." Esa imagen, hermano, me quedó grabada. Un billete planchado como acto de adoración. Quién lo diría.

II Versículo

""Vosotros ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Ofrecéis lo ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Ofrecéis lo cojo y enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.""

Malaquías 1:7–8 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Esta semana, antes de dar algo, lo que sea, tiempo, dinero, energía, atención, hacete una sola pregunta: ¿esto refleja lo que creo que Dios vale? No es para culparte. Es para que te des cuenta. Nosotros somos muy buenos dando lo que nos cuesta menos. Muy buenos. Probá al revés. Dá algo que sí te cueste. No para que te vean. Para que vos mismo sientas en el bolsillo o en la agenda que Dios ocupa el primer lugar, no el último.

El billete planchado de la abuela valía menos que el de cien dólares roto del sobre. Pero pesaba mucho más delante de Dios. Porque venía de un corazón que sabía a quién le estaba dando. Eso es adoración genuina, hermano. Y está al alcance de todos. Es así. Es así.

Emilio
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