Hacés todo bien y aun así tu corazón está en otro lado
Esta es la falsa adoración más difícil de ver: la del que canta los coros correctos, lee los versículos correctos, va a la iglesia correcta, y tiene el corazón completamente inclinado hacia sí mismo.
Bueno, llegamos al punto que más duele. El que más me costó a mí también, lo digo de frente.
Hasta ahora estuvimos mirando las cosas grandes: los ídolos obvios, la adoración a Dios de manera equivocada, el Dios armado a la carta. Pero esta cuarta forma de falsa adoración es la más sutil de todas. La más difícil de determinar. Y por eso es la más peligrosa.
Es adorar al Dios verdadero, con los elementos correctos, pero con una actitud equivocada. El corazón en otro lado.
Y acá, hermano, podemos entrar todos. Yo el primero. Porque lo que el pastor describió en la prédica me cayó como un balde de agua fría. Contó que estuvo haciendo un autoexamen profundo y se dio cuenta de cuántas veces en la casa, en las conversaciones cotidianas, lo que salía de su boca era pura autoexaltación disfrazada de corrección. "Cuando yo era de tu edad lavaba todo." "En mi época era así." "Si no fuera por mí, mirá cómo estarían." Nadie lo dice así de crudo, claro. Es más sutil. Siempre es más sutil. Pero está.
Lutero decía que el pecado es la capacidad del hombre de salirse e inclinarse hacia sí mismo. La egolatría. Qué grande que soy. Qué maravilloso lo que logré. No lo decimos en voz alta, obvio. Pero lo pensamos. Lo sentimos. Y a veces lo construimos despacio, ladrillo por ladrillo, en cada conversación, en cada decisión, en cada ofrenda dada para quedar bien.
Eso, gente, es idolatría. Con toda la liturgia correcta encima. Es así. Es así.
""Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente.""
Lucas 10:27 · NVIEl pastor contó algo que me pareció genial por lo concreto que es. Dijo que se tomó una decisión: hablar solamente cuando va a hablar sin manipular. Y que cuando empezó a aplicarla, se dio cuenta de que casi no tenía que hablar en la casa. Porque la mayoría de lo que salía era reclamo, autoexaltación o manipulación emocional disfrazada de corrección. "Lavame los cubiertos." "Yo cuando era chico hacía todo." Todo eso, analizado de cerca, está lleno de ego. Está lleno de un corazón que quiere ser reconocido, validado, puesto en el centro. Y encima con razón, muchas veces. Eso es lo peor. Porque cuando uno tiene razón, es más difícil ver que el problema no es el argumento sino la actitud del corazón detrás del argumento.
""En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo?""
Malaquías 1:7–8 · NVIHoy fijate en una sola cosa: cómo das. No solo dinero, eso también, pero no solo eso. Cómo das tu tiempo, cómo das tu atención, cómo das tu mejor energía. ¿Le das a Dios y a los que amás lo que sobra, lo que quedó, el billete roto, el momento en que ya estás agotado? ¿O le das lo primero, lo mejor, lo más fresco que tenés? No es pregunta para culparte. Es pregunta para ver. Porque Dios en Malaquías no se enojó porque le dieran poco. Se enojó porque le daban lo que sobraba. Y eso habla del corazón, no de la billetera.
Podés tener todo el formato correcto y el corazón completamente en otro lado. Dios lo ve. No para castigarte, sino porque te conoce mejor que vos mismo. Hoy pedile que te muestre dónde está tu corazón de verdad. Esa es la oración más honesta que podés hacer.
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