Toda la hora estás adorando algo
No elegís si adorar o no adorar. Solo elegís qué adorar. Eso es todo.
Mirá, hermano, te lo voy a demostrar. La adoración no es lo que pasa en un culto el domingo. No es levantar las manos ni cantar con los ojos cerrados. Eso puede ser adoración, sí, pero también puede no ser nada. Nada de nada.
La adoración es el movimiento profundo del corazón hacia aquello en lo que ponés tu confianza, tu tiempo, tu energía, tu identidad. Y ese movimiento no para. Toda la hora estás adorando. Toda la hora. Cuando el despertador suena y lo primero que hacés es agarrar el celular, estás adorando. Cuando tomás una decisión difícil y tu primer instinto es calcular qué va a pensar la gente, estás adorando. Cuando el dinero que tenés o que no tenés determina tu nivel de paz, estás adorando.
Dios diseñó la adoración. Él la pensó, él la estableció, él la quiere. Y la quiere porque te quiere a vos. No porque necesite tus aplausos. Dios no se aburre solo. Él estableció la adoración porque cuando vos adorás al Dios verdadero de la manera correcta, vos prosperás. Tu interior se ordena. Tu vida se orienta. Es así. Es así.
El problema no es que seas un adorador. El problema es que podés ser un adorador equivocado sin darte cuenta. Y eso, hermano, tiene consecuencias. La mitad de la Biblia, escuchá bien, la mitad habla de la condena a la falsa adoración. Dios no es indiferente a esto. Y nosotros tampoco podemos serlo.
""Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.""
Romanos 1:21 · NVIEn la prédica, el pastor contó algo que me quedó dando vueltas. Dijo que cuando una persona se aparta de Dios, lo primero que hace, consciente o inconscientemente, es buscar a quién adorar ahora. El trabajo, la riqueza, la apariencia, el estatus, el matrimonio. No cosas malas en sí mismas, pero que se convierten en el centro. En el dios. Y lo más sutil es que nadie se levanta a la mañana y dice, "hoy voy a adorar mi imagen personal". No. Pasa de a poco. Un comentario de más sobre tus logros acá, una decisión tomada por miedo al qué dirán allá, y de repente tu corazón está inclinado hacia vos mismo sin que te hayas dado cuenta. Lutero lo llamó el pecado de inclinarse hacia uno mismo. Es sutil. Es silencioso. Pero es real.
""Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.""
Juan 4:23–24 · NVIEsta semana hacé una sola cosa: observate. No te juzgues todavía, solo observate. ¿En qué pensás primero cuando te despertás? ¿Qué es lo que más te preocupa perder? ¿Qué es lo que más necesitás que la gente piense de vos? Esas respuestas te dicen a quién estás adorando en este momento. No lo que declarás los domingos. Lo que mueve tu corazón de lunes a sábado. Anotalo si podés. No para condenarte, sino para empezar a ver. Porque no podés cambiar lo que no ves. Y Dios quiere que veas.
Toda la hora estás adorando algo, hermano. La pregunta no es si sos un adorador. La pregunta es si lo que estás adorando te va a sostener cuando todo lo demás se caiga. Solo hay una respuesta que aguanta esa pregunta. Y vos ya sabés cuál es.
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