Día 6
Día 6 de 7 9 de mayo

Pedile que te muestre lo que no ves

El problema con la falsa adoración no es que la elegís. Es que muchas veces ni siquiera sabés que estás en ella. Y eso, hermano, es lo más peligroso de todo.

Escuchá bien esto porque acá está el nudo de toda la semana.

Estuvimos hablando cinco días seguidos de adoración. De los ídolos obvios y de los sutiles. Del Dios a medida y del corazón desviado. Y si te quedó la sensación de que "yo ya revisé y estoy bien", bueno, esa sensación en sí misma puede ser una señal de alerta. Porque la falsa adoración más peligrosa no es la que ves. Es la que no ves.

Job era un hombre justo. Extremadamente rico, sí, pero justo. Y aun así escribió algo que me sacudió. Dijo que su corazón se engañó en secreto. En secreto. Sin que él se diera cuenta. Sutilmente. El corazón tiene una capacidad impresionante de construir ídolos en silencio, de inclinarse hacia uno mismo mientras la boca habla de Dios. Eso existe. Existe y nos pasa a todos.

El pastor dijo algo que me cayó como agua fría también a mí. Contó que estuvo en un autoexamen profundo y se dio cuenta de cuántas cosas decía en casa que eran pura autoexaltación disfrazada. No lo decía gritando. Era sutil. Era cotidiano. "Cuando yo era de tu edad..." "Si no fuera por mí..." "En mi época era diferente." Nadie lo dice así de crudo. Pero está. Está en todos nosotros.

Lutero tenía una frase para eso. Decía que el pecado es la capacidad del hombre de salirse e inclinarse hacia sí mismo. La egolatría. Qué grande soy. Qué logros los míos. Qué cosa maravillosa este yo que construí.

Y lo más sutil de todo, hermano, es que eso puede convivir perfectamente con los coros correctos, los versículos correctos, la asistencia correcta. Puede convivir con todo. Por eso la única salida no es hacer más esfuerzo. La salida es pedirle a Dios que te muestre lo que vos solo no podés ver. Es así. Es así.

""Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.""

Salmos 139:23–24 · NVI

El pastor contó que tomó una decisión concreta después de este autoexamen. Dijo: "Voy a tratar de hablar solamente cuando voy a hablar sin manipular." Y reconoció que en su casa, en las conversaciones cotidianas, casi todo lo que salía era autoexaltación. Los cubiertos, la época, los logros. Nadie lo llama idolatría. Suena a conversación normal. Pero él lo vio. Y lo llamó por su nombre. Eso, hermano, es valentía espiritual. No la del que predica en el púlpito. La del que se sienta solo, le pide a Dios que le muestre el corazón, y aguanta lo que ve.

II Versículo

"Job 31:24,27 — "Si puse en el oro mi esperanza... y mi corazón se engañó en secreto...""

Desconocido 0 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, no mañana, hoy, hacé una pausa. Cinco minutos. Sin celular, sin música, sin nada. Y orá esta oración de David: "Escudriña mi corazón, Señor. Muéstrame lo que no veo." No es una oración cómoda. Es la más honesta que podés hacer. Y si algo aparece, no lo justifiques. No lo expliques. Solo reconocelo. Nosotros somos muy buenos justificando. Muy buenos. Esta vez, no. Solo mirá.

No necesitás tener todo claro para empezar. Solo necesitás la honestidad de decirle a Dios: "Mostrámelo vos, porque yo solo no llego." Esa oración, hermano, es el principio de una adoración genuina. Y Dios la escucha siempre. Siempre. Es así. Es así.

Emilio
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