El Dios que te armaste a tu gusto no es Dios
Cuando le quitás a Dios lo que no te gusta y le agregás lo que sí te conviene, no estás adorando a Dios. Estás adorando una proyección de vos mismo.
Ahora, hermano, llegamos al punto más común de todos. El más extendido. El más aceptado socialmente. Esto de decir: "Yo soy espiritual, no religioso. Le adoro a Dios a mi manera. Él me habla a mí de forma personal. No necesito que nadie me oriente."
Son medias verdades, y las medias verdades son las más peligrosas porque tienen un pedazo de algo real adentro. Sí, Dios habita en nosotros. Sí, la relación con él es personal. Sí, no necesitás un intermediario para acercarte a él. Todo eso es cierto.
Pero el Señor estableció cómo se le debe adorar. Deuteronomio 4:2 es claro: no le agregues ni le quites a su palabra. Y eso es exactamente lo que hacemos cuando armamos un Dios a la carta. "Para mí, Dios no castiga." Entonces ya no es el Dios de la Biblia. "Para mí, Dios es amor y el amor acepta todo." No, eso no es el amor del que habla la Escritura.
Cuando yo le agrego y le quito cosas a Dios según mi gusto, estoy creando un ídolo. No de madera, no de piedra. Un ídolo conceptual. Un Dios hecho a mi imagen y semejanza. Y eso, gente, es idolatría. Idolatría pura y dura.
¿Por qué es tan atractivo? Porque un Dios a mi medida nunca me incomoda. Nunca me confronta. Nunca me pide que cambie. Siempre valida lo que ya quiero hacer. Pero ese Dios no te puede salvar, porque ese Dios no existe. Es así. Es así.
""A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás... No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos.""
Deuteronomio 6:13–14 · NVIEl pastor contó que fue a tomarse un café con su hija y la cajera le preguntó: descremada o sin lactosa, con cafeína o sin cafeína, con edulcorante o azúcar, frío, tibio o caliente, con hielo estilo americano. En algún momento pensó: ¿no querés mi número de cédula también? Y ahí le vino la imagen. Así es como la gente trata a Dios. Todo personalizado. Todo a gusto del consumidor. Esto me gusta, lo quiero. Esto no me gusta, lo saco. Dios que bendice, sí. Dios que confronta, no. Dios que acompaña, sí. Dios que exige santidad, lo borro. Y así armamos un Dios de cafetería que no tiene nada que ver con el Dios de la Biblia.
""No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.""
Deuteronomio 4:2 · NVIHoy hacé un ejercicio difícil pero honesto: identificá una creencia que tenés sobre Dios que no podés encontrar en la Biblia. Algo que "sentís" que Dios piensa o hace, pero que si buscás en la Escritura, no está. Podría ser algo reconfortante que te dijiste a vos mismo para no tener que cambiar algo. No te condenes. Solo reconocelo. Y después preguntale a Dios: "¿Quién sos vos realmente?" Con la Biblia abierta. Esa es la única manera de conocerlo de verdad.
Un Dios armado a tu gusto no te puede ayudar cuando la vida te golpea de verdad. Porque no existe. Dios es quien es, no quien queremos que sea. Y en eso, hermano, hay más libertad de lo que parece. Porque el Dios real es mucho más grande que cualquier versión que hayamos construido.
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