Día 1
Día 1 de 7 20 de julio

Dios tiene un diseño para lo que no entendés

Hay cosas que estás esperando hace tanto tiempo que ya casi no las nombrás. No porque dejaste de quererlas, sino porque te cansaste de explicar por qué todavía no llegaron. Y en ese silencio empieza a meterse una pregunta que no siempre nos animamos a hacer en voz alta: ¿Dios me olvidó?

Eclesiastés 3 arranca con algo que parece obvio pero que golpea diferente cuando estás en el medio de una espera: «Todo lo hizo hermoso en su tiempo.» No dice todo lo hizo fácil. No dice todo lo hizo rápido. Dice hermoso. Y dice en su tiempo, no en el tuyo.

Ahora, ¿qué significa eso en la práctica? Significa que Dios tiene un diseño personal para tu vida, y ese diseño lo va encaminando a través de las etapas y las circunstancias que ocurren en cada una de esas etapas. No es que Dios está mirando desde arriba esperando que vos te arreglés solo. Él está activo. Está metido. Está trabajando incluso en lo que para vos es pura demora.

El problema es que nosotros somos criaturas de pantalla. Queremos la respuesta ya, la solución ya, la bendición ya. Y cuando no llega en el tiempo que esperábamos, concluimos que algo salió mal. Que Dios no escuchó. Que quizás no merecemos. Pero mirá lo que el texto está diciendo: lo que no está pasando ahora, cuando se cumpla en el tiempo de Dios, va a ser más hermoso que si hubiera pasado en el tiempo que vos querías. Eso no es una frase de consuelo barata. Eso es una promesa con peso.

¿Y sabés qué más dice el mismo versículo? Que Dios puso eternidad en el corazón del ser humano. Una conciencia de que hay algo más grande que lo que está pasando hoy. Pero vivimos en una época donde construimos seguros para todo —el auto, la casa, la salud, hasta los perros ya tienen seguro médico, había sido— para no experimentar incertidumbre, para no rozar el dolor, para no sentir que algo está fuera de nuestro control. Y al anestesiarnos del dolor, perdemos también esa capacidad de ver más allá de lo inmediato. Perdemos la conciencia de eternidad.

Me acuerdo de algo que pasa en muchas casas —en la mía también pasó— cuando uno vuelve de un viaje y trae algo para los hijos. El chico ni te mira a vos. Te abraza de protocolo y el ojo ya está en la valija. Y cuando le das el regalito, ahí sí. Se ilumina. Horas y horas con su Lego, con su cosa, feliz. Y uno que está mirando eso, dice, qué lindo, valió la pena. Pero al mismo tiempo te confronta, porque yo me preguntaba: ¿cuántas cosas así me da Dios a mí y yo reacciono igual que el nene chico, mirando para otro lado buscando lo que todavía no llegó?

II Versículo

"Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin."

Eclesiastés 3:11 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy, antes de entrar en el día, tomá un minuto —literal, un minutito— y nombrá una cosa que Dios ya te dio y que ya te parece normal. El agua caliente, que llegaste ayer a tu casa, que abriste los ojos esta mañana. No para hacer un ejercicio de motivación personal. Sino para entrenarte en la conciencia de eternidad que Dios puso en vos y que la rutina va tapando. Nosotros necesitamos ese entrenamiento. No lo tenemos natural. Hay que pedírselo a Dios: «Señor, dame el don de ver lo que ya me diste.»

Lo que todavía no llegó no es evidencia de que Dios falló. Es evidencia de que el tiempo de Dios todavía no terminó. Y cuando llegue, va a ser más hermoso de lo que imaginaste. Eso no lo digo yo. Lo dice Él.

Emilio
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