Día 6
Día 6 de 7 25 de julio

La herida que se vuelve ministerio

Hay una pregunta que circuló esta semana y que a mí me hizo ruido cuando la vi: «¿Y si no era él? ¿Y si era Dios el que estaba probando tu corazón?» Sé que puede sonar fuerte. Sé que la primera reacción es poner los ojos en blanco o sentir un poco de bronca. Pero quedate un momento con eso, porque la respuesta a esa pregunta puede ser lo más liberador que escuchaste en mucho tiempo.

Jacob peleó con Dios toda una noche. Una noche entera, cuerpo a cuerpo, agarrado, sin soltar. Y al amanecer, Dios lo bendijo. Pero también lo hirió. Le tocó el tendón de la cadera y Jacob salió rengo. Para siempre. Y esa fue su bendición, que rengueando aprendió a caminar como Israel, que significa príncipe con Dios.

Ahora, ¿cómo se entiende eso? Jacob el tramposo, el que le robó la primogenitura a su hermano, el que engañó a su padre, el que pasó la mitad de su vida huyendo de sus propias decisiones, ese hombre no iba a poder caminar en propósito sin que primero se rompiera algo en él. Literalmente. Y Dios lo sabía.

Isaías 53 habla del mayor herido de la historia. «Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto.» Si hubo alguien que llevó su herida con dignidad y con propósito eterno fue Jesucristo. Él no maldijo a nadie. No declaró destrucción sobre los que lo crucificaron. Dijo, «Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen.» Y eso, en ese momento, en ese nivel de dolor, es sobrenatural. Eso no sale del carácter humano solo.

Y escuchame esto, porque es importante: la gente que te lastimó no entiende la profundidad de lo que hizo. En su conciencia sabe que hizo mal, sí. Pero no entiende el misterio del pecado, las consecuencias eternas de su actitud. Dios sí entiende. Y Dios sabe cómo sanar eso.

Hay personas que vivieron cosas tremendas y hoy son pañuelo de gente. Son consuelo vivo de que se puede sufrir y salir del otro lado. No porque sean superhéroes. Sino porque el amor restaurador de Cristo hizo algo en ellas que ninguna terapia, ningún viaje, ninguna decisión propia pudo hacer. Eso no significa que la herida no existió. Significa que la herida fue redimida.

"Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades. Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz y gracias a sus heridas fuimos sanados."

Isaías 53:4–5 · NVI

José tenía todo para terminar amargado. Sus propios hermanos lo vendieron. Le dijeron al padre que había muerto. Pasó años en una cárcel que no merecía. Y cuando finalmente Dios le devolvió todo y sus hermanos aparecieron delante de él, ellos llegaron temblando. Porque pensaron que en todo ese tiempo su hermano había ido acumulando odio. Y José los miró y dijo, «No teman. Es que Dios los usó a ustedes para que yo esté hoy acá.» O sea, no era la traición de sus hermanos la historia principal. Era el propósito de Dios. Sus hermanos eran un capítulo. Dios era el autor. Y José lo entendió. Me pregunto, ¿a quién Dios usó en tu vida para que hoy vos estés acá? Porque quizás hay alguien a quien culpaste mucho tiempo que en realidad fue un instrumento que vos no elegiste, pero Dios sí.

II Versículo

"Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero sana con sus manos."

Job 5:18 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy la cosa práctica es esta: hay una herida que vos cargás que todavía está sin nombre en tu historia con Dios. Puede ser una traición, un abuso, un abandono, una pérdida. Algo que pasó y que aún duele cuando lo tocás. No te pido que lo resuelvas hoy. Te pido que hagas una sola cosa: ponele nombre delante de Dios. Solo eso. «Señor, esto me dolió. Esto me hirió. Esto todavía me duele.» Sin adorno, sin protocolo. Como Job que le decía a Dios, «Esto lo hiciste vos y yo lo estoy sintiendo.» Eso es honestidad delante de Dios, y Dios puede trabajar con eso. Y si ya pasaste por esa etapa, si ya tenés esa herida procesada, hoy te pregunto: ¿hay alguien a tu alrededor que todavía está en medio de eso y que necesita saber que se puede salir? Quizás tu historia de dolor procesado es exactamente el consuelo que alguien necesita escuchar esta semana.

Job, Jacob, José. Tres hombres heridos que no terminaron amargados. Los tres tienen algo en común: no apartaron la mirada de Dios en el medio del dolor. Vos podés hacer lo mismo. La herida no define el final. Dios sí.

Emilio
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