Día 2
Día 2 de 7 28 de abril

El fruto no se fabrica. Fluye.

El problema no es que no te esforzás suficiente. El problema es que te esforzás por lo que no depende de vos.

Hay una trampa en la que caemos seguido los creyentes. La trampa es pensar que el fruto espiritual es el resultado de más voluntad, más disciplina, más determinación personal. Me esfuerzo más, soy más paciente. Me esfuerzo más, soy más amoroso. Me esfuerzo más, tengo más fe. Y eso no funciona. No porque el esfuerzo sea malo, sino porque está mal ubicado.

Jesús no dijo «esfuércense para dar fruto». Dijo «permanezcan en mí y van a dar fruto». La diferencia es enorme. Una rama no se esfuerza para producir uvas. La uva es la consecuencia natural de que la rama esté conectada a la vid. Si está conectada, fluye. Si no está conectada, se seca. No hay término medio.

Ahora escuchá bien, porque acá hay algo que mucha gente no distingue. Juan 15 no está hablando de cualquier fruto. No está hablando de honestidad, de buenas costumbres, de solidaridad. Porque una persona sin Cristo puede ser honesta. Puede ser solidaria. Puede tener convicciones morales fuertes. Eso es real, no lo neguemos. Lo que Jesús describe acá es un fruto que es imposible producir sin estar en él. Un fruto que el mundo no puede fabricar por más que quiera: amor que perdona al que te hizo daño, paz que no depende de las circunstancias, gozo en medio de la adversidad. Eso no lo produce la voluntad humana sola. Eso lo produce Cristo en vos cuando vos estás conectado a él.

No es X, sino Y. No es más esfuerzo, sino más comunión. Te lo voy a demostrar: cuántas veces te propusiste ser más paciente y a los tres días ya estabas igual que antes. No es falta de ganas. Es que la fuente estaba cortada.

"«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.»"

Gálatas 5:22–23 · NVI

Un árbol desarraigado y tirado en una terraza se va a secar. No importa cuánto sol tenga, no importa cuánta lluvia caiga. Si no tiene raíz en la tierra, no hay caso. Se seca. Así también el creyente que se desconecta de Cristo puede tener todas las condiciones externas del mundo, buena familia, buen trabajo, salud, pero si la comunión con él se cortó, el fruto se va secando solo.

Y lo interesante es que eso pasa despacio, casi sin que te des cuenta. Primero dejás de orar con profundidad. Después la Palabra se vuelve rutina. Después el carácter empieza a mostrar grietas. Y un día te mirás al espejo y no reconocés el fruto que una vez había en vos.

II Versículo

"«Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.»"

Juan 15:5 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy la pregunta práctica es esta: ¿qué tan conectada está tu rama? No te estoy preguntando si sos cristiano. Te estoy preguntando por la calidad de la conexión hoy, esta semana, este mes. Una forma concreta de evaluarlo: ¿estás orando con hambre o por obligación? ¿La Palabra te habla o la leés como un trámite? Eso te dice mucho. Si la conexión está floja, no te condenes: reconectate. Abrí la Biblia no para cumplir sino para alimentarte. Orá no para reportarte sino para hablar con alguien que ya te está esperando.

El fruto no es la meta, es la consecuencia. Conectate a la vid y el fruto viene solo. No dejes de buscar esa comunión. No dejes de buscar esa comunión. Es así. Es así.

Emilio
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