Día 4
Día 4 de 7 30 de abril

Pedís y no recibís. Hablemos de eso.

Juan 15:7 es el versículo favorito de todos hasta que Dios no da lo que pedimos. Ahí empiezan los problemas.

Bueno, hoy vamos a hablar de algo que todos pensamos pero pocos dicen en voz alta. Ese versículo que dice «pedid todo lo que queréis y os será hecho». ¿Cuántas veces pediste algo con fe, en el nombre de Jesús, convencido, y no pasó nada? O pasó lo contrario. Y ahí viene la confusión, el enojo con Dios, o peor: la vergüenza de haberlo creído.

Ahora, ojo. El problema no es el versículo. El problema es que lo leemos arrancado de contexto como si fuera un cupón de descuento espiritual. «Pedí esto, en el nombre de Jesús, amén, Dios tiene que darlo.» No, no. Jesús puso una condición antes: «si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros». Esa es la parte que saltamos.

Y acá no estoy siendo duro, estoy siendo honesto. Una persona que de verdad está en comunión con Cristo, que tiene la Palabra habitando en su mente y en su corazón, esa persona empieza a pedir distinto. No porque se vuelva más espiritual en el sentido religioso, sino porque sus deseos empiezan a alinearse con los de Dios. Ya no pide tanto «que me vaya bien en el negocio» y empieza a pedir «que mi hijo te conozca, Señor». Ya no pide tanto venganza disfrazada de justicia y empieza a pedir paz para su propio corazón.

Decís «en el nombre de Jesús» al final de cada oración, ¿no? Bueno, eso no es una fórmula mágica. Decir en el nombre de Jesús es decir: «Señor, lo que te pido está en armonía con tu voluntad». Eso es bien diferente a usarlo como firma automática. Dice la primera carta de Juan: «Si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye». No conforme a lo que nosotros queremos en ese momento de urgencia o de bronca o de ambición. Conforme a su voluntad.

"«Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.»"

1 Juan 5:14–15 · NVI

Mirá este caso que viene de la prédica de esta semana. Una mujer con un matrimonio muy complicado. Ella lo reconoció: «yo también era pesada». El pastor le dio un consejo cortito y un poco brutal: «cállate y bendecirle». Nada más. Ni explicaciones, ni condiciones, ni «pero él primero».

Ella lo tomó en serio. Pasaron los días. Su marido le gritaba y ella callaba. La ofendía y ella no respondía. Y el hombre fue al pastor y le dijo, con toda la confusión del mundo: «Pastor, mi esposa me está haciendo sentir que estoy loco. Yo hablo solo. Yo grito y ella no responde. Y me doy cuenta de que realmente estoy actuando como un loco». Ese matrimonio hoy, veinte años después, lidera grupos de matrimonios. Ella no usó la carne para resolver lo de la carne. Usó lo espiritual. Y eso es orar y actuar conforme a la voluntad de Dios, aunque en el momento duela y no tenga ningún sentido aparente.

II Versículo

"«Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.»"

Juan 15:7 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

Hoy hacé algo concreto con tu lista de oración. Si no tenés una, empezá una. Anota lo que pedís. Y al lado de cada pedido, escribí honestamente: ¿esto está alineado con la voluntad de Dios o es lo que yo quiero para mí mismo? No es para culparte. Es para limpiar la oración. George Müller anotó cincuenta mil oraciones respondidas en toda su vida. La que más tardó fue cincuenta años. Empezá a anotar las tuyas hoy. Con el tiempo vas a tener un registro de la fidelidad de Dios que nadie te va a poder discutir.

Dios no es una máquina expendedora a la que le ponés la moneda correcta. Es una persona que quiere que vos la conozcas tan bien que lo que pedís empiece a parecerse a lo que él quiere darte. Permanecé en él. La oración se transforma sola. Es así. Es así.

Emilio
16
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

4 min