Día 7
Día 7 de 7 21 de junio

La cruz no es el final de algo, es el principio de todo

En un velatorio, siendo yo un joven de veinte y pico años, escuché a alguien decir de un hombre que acababa de morir: «Fue un gran hombre. Un buen hombre.» Y después agregó, con una especie de resignación: «¿Y de qué sirve haber sido tan buen hombre?» Como diciendo: al final murió igual que cualquiera, ¿para qué tanto esfuerzo, tanta renuncia, tanto sacrificio? Yo me quedé pensando. Y me respondí solo, ahí adentro: ¿y de qué sirve haber sido un mal hombre? Si también vas a morir, tratemos de vivir de la mejor manera posible. Pero eso no alcanza como respuesta. Porque la pregunta más importante no es cómo vas a vivir. Es para quién.

Esta semana estuvimos mirando algo desde varios ángulos. El lunes hablamos de lo que va en primer lugar. El martes de cómo el ego se disfraza. El miércoles de que la autonegación no es represión sino liberación. El jueves de que el ego también opera en tu casa y en tu iglesia. El viernes de que se arrodilla con vos. El sábado de que lo que no resolvés hoy, mañana pesa el doble. Y todo eso converge acá, hoy.

Pablo en Gálatas 6:14 dice algo que no es un poema bonito para cerrar una carta: «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.» Eso es una declaración de identidad. Pablo está diciendo: mi satisfacción más profunda, lo que me define, lo que me levanta y me sostiene, no es lo que logré, ni lo que sé, ni lo que sufrí por el evangelio. Es la cruz. Es que Cristo murió por mí y eso lo cambió todo.

Ahora, la cruz que Jesús nos pide cargar no es nuestra enfermedad, ni nuestro marido difícil, ni nuestros hijos complicados. Eso son pruebas. La cruz es el ego. Es la decisión diaria de darle la espalda al yo para seguir a Él. Y cuando Jesús dice «niéguese a sí mismo» usa la misma palabra que se usa cuando Pedro negó a Jesús. Aparneomai. Repudiar, dar la espalda. Eso mismo tenemos que hacer con nuestro yo.

¿Y para qué? No para ganarnos la salvación, eso ya está. No para que la gente nos aplauda, eso va y viene. Sino porque al crucificarnos con Cristo participamos de los beneficios de esa muerte: corazones sanados, relaciones restauradas, libertad real. No la libertad de hacer lo que querés, sino la libertad de poder elegir lo que es bueno aunque no lo sentás todavía.

Dios te recompensa. No la gente, no el reconocimiento del grupo, no el aplauso del domingo. Dios. Y esa recompensa, hermano, no la perdás canjeándola por algo de acá abajo.

"Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos. ―Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga."

Marcos 8:34 · NVI

Una pastora, de la vieja escuela de fe, fue con su marido a una tienda porque un empresario de la iglesia quería regalarles una campera. Ella se probó una negra, le gustó. Se probó una marrón, también le gustó. El empresario le dijo: «Pastora, llévese las dos.» Y ella, con la alegría de quien recibe un regalo inesperado, ya estaba diciendo que sí cuando su marido, tranquilo, le dijo: «¿Y tu galardón en el cielo?» Porque si Dios quería recompensarle eso en la eternidad, ya se lo estaban dando acá. Se rió ella. Dejó una campera. Yo pienso en eso seguido. Tengo mi aplicación del banco en el teléfono, la abro, miro los números, y me pongo bien cuando está bien y me preocupo cuando está bajo. Pero la cuenta en el cielo, ¿cómo está? ¿Qué puse ahí esta semana? ¿A quién ayudé sin que nadie me viera? ¿Qué renuncié? ¿Qué cargué?

II Versículo

"En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo."

Gálatas 6:14 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, en algún momento del día, antes de que se termine el domingo, sentate un momento solo. No tiene que ser largo. Y hacete tres preguntas. Primera: ¿qué está en primer lugar en mi vida de verdad, no en mi doctrina, en mi vida real? Segunda: ¿hay algo sin resolver que estoy cargando que debería soltar? Tercera: ¿qué decisión tomé esta semana que fue en dirección a Cristo y no al ego? Una sola. Si encontrás una, ya empezó algo. Si no encontrás ninguna, eso también es información. Y Dios trabaja con eso.

Toda la semana giramos alrededor de lo mismo: lo que va en primer lugar define todo lo demás, el ego nunca avisa, la cruz no es castigo sino liberación, y lo que no resolvés hoy mañana pesa el doble. Todo eso desemboca acá. En la cruz de Cristo que ya cargó lo que vos no podías cargar, y en la tuya, la que te toca a vos todos los días. No hay identidad más sólida que esa. No hay gloria más real.

Emilio
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