Día 3
Día 3 de 7 17 de junio

Tomar la cruz no es vivir aplastado

Una vez un ateo me dijo que no quería ser cristiano porque ser cristiano era vivir reprimido. Me dijo que el hombre tiene instintos naturales y que reprimirlos era ir contra la naturaleza. Y yo le pregunté: ¿qué es lo que considerás reprimido? Y me explicó. Y le escuché. Y después le dije algo que se quedó callado un rato.

Le dije: tenés razón en algo. En el hombre caído hay una tendencia natural a la promiscuidad, a la codicia, a la ira. Es innata. No te lo discuto. Pero también es innata la codicia. Entonces, si me decís que hay que seguir todos los instintos naturales, robemos un banco. ¿Por qué no? Mucha gente quiere plata y no le da tanto mal al que la consigue por las malas. ¿Por qué te reprimís? Y me dijo: no, ahí hay consecuencias. Exacto, le dije. Consecuencias. Las mismas que existen cuando seguís cualquier otro instinto sin freno: emocionales, relacionales, espirituales, físicas. El tema no es si hay consecuencias. El tema es si las ves venir antes o después.

Vivir con dominio propio no es reprimirse. Es justamente lo que te hace más humano. Un animal camina por instinto. Vos tenés capacidad de decisión. Eso es lo que te diferencia. Y cuando usás esa capacidad para elegir lo bueno, no sos menos libre. Sos más.

Jesús en Marcos 8:34 dijo algo que suena duro si no lo entendés bien: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» Eso lo dijo antes de ir al Calvario. Y en el Imperio Romano todos sabían lo que significaba ver a alguien cargando una cruz: no había vuelta atrás. No había apelación de última hora. Ya estaba condenado.

Cuando Jesús dice «niéguese a sí mismo», usa el verbo griego aparneomai. ¿Sabés cuándo más aparece ese verbo en el Nuevo Testamento? Cuando Pedro negó a Jesús. Negó, repudió, le dio la espalda. Eso mismo te dice Jesús que hagás con tu ego. Dale la espalda. Repudialo. No es una metáfora tibia. Es esa misma palabra.

Y la cruz que cargás no es tu marido difícil ni tu jefe injusto ni tu enfermedad. Eso son pruebas. La cruz es tu ego. Es la decisión diaria de decirle no a lo que el yo quiere para decirle sí a lo que Dios dice.

"Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos."

Gálatas 5:24 · NVI

Hay un hombre que conozco, casado, que recibió una oportunidad de capacitación en el exterior, paga por la empresa. Un ascenso posible. Todo arreglado. Pero en ese viaje iba a ir una mujer con quien él había tenido una relación antes de ordenar su vida. Y él sabía lo que iba a pasar si se subía a ese avión. Fue a su jefe y le dijo: no me voy. Perdió la capacitación. Perdió el ascenso posible. Perdió plata. Y no lo contó en el diario. No lo publicó en ningún lado para que le aplaudieran. En su corazón tomó una decisión y se quedó callado. Eso es un hombre que murió a sí mismo. No porque no tenga tentaciones. Las tiene, como las tenemos todos. Sino porque ya no está centrado en satisfacerlas.

II Versículo

"Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos. ―Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga."

Marcos 8:34 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta semana identificá una sola área donde tu ego esté pidiendo el trono. Una sola. No hace falta resolver todo a la vez. Puede ser una conversación que estás evitando, una decisión que venís postergando porque te cuesta, algo que sabés que tenés que decir o dejar de hacer. Tomá esa área y poné ahí la cruz. Decile no a lo que el yo quiere. No como castigo. Como elección.

La autonegación suena a represión porque el mundo la traduce así. Pero lejos de eso, es liberación. Te libera de lo que te esclaviza. Y cuando empezás a experimentar esa libertad, la otra ya no te convence tanto.

Emilio
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