La fe no necesita que vos la veas
Esta semana cayó granizo del tamaño de una pelota de tenis en Asunción. Autos destrozados, techos agujereados, alarmas sonando diez minutos seguidos. Y cuando se compartió un versículo de Apocalipsis 16 junto a ese video, dieciséis millones de personas lo vieron. Dieciséis millones. Y la mitad se acordó de insultar y la otra mitad dijo que era un tema climático. Nadie en el medio preguntó: ¿y si la Biblia tiene razón?
Dice Hebreos 11:1 que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Fijate bien: convicción de lo que NO se ve. No de lo que ya está ahí, no de lo que podés verificar, no de lo que te mandaron por el chat con tres fuentes. De lo que no se ve.
Eso significa que en el momento en que exigís una verificación, saliste del campo de la fe y entraste en el campo de la ciencia o de la razón. Y eso está bien para muchas cosas. Yo uso mi cerebro. Cuando llueve, agarro el paraguas. Cuando hace frío, me pongo la campera. No hay mérito espiritual en ser irresponsable. Pero hay cosas que van más allá de lo que tu cerebro puede procesar, y ahí es donde la fe toma el mando.
Mirá lo que dice Juan 2:23 y 24. Muchos creyeron en su nombre viendo las señales que hacía. Suena bien, ¿no? Creyeron. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos porque conocía todo. Jesús no se fiaba de los que creían por los milagros. ¿Por qué? Porque esa fe no tiene raíz. Cuando no hay milagro, se evapora. Cuando viene el problema, se va. Cuando la circunstancia cambia, el que creía por la señal deja de creer.
Yo creo en Dios y Dios puede hacer eso y mucho más. Ese es mi argumento. Si creo que Dios hizo todas las galaxias, que juntó cada átomo de tu cuerpo, que te hizo un ser pensante y consciente, ¿por qué no puede resucitar un muerto? ¿Cuál es el problema? Lo que no entiendo, confío. Punto.
"Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. En cambio, Jesús no confiaba en ellos porque los conocía a todos;"
Juan 2:23–24 · NVI"Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos."
2 Corintios 5:7 · NTVJuan el Bautista. La Biblia no registra ni un solo milagro suyo. Ninguno. Y Jesús dijo que entre los nacidos de mujer no hubo nadie más grande que Juan. Sin embargo, estando preso, a los treinta años, sabiendo que lo iban a decapitar, le manda a preguntar a Jesús: ¿sos el que había de venir o esperamos a otro? O sea, Juan dudó. Y Jesús le respondió enumerando los milagros que estaba haciendo, y al final le dijo: bienaventurado el que no halle tropiezo en mí. Bienaventurado el que aunque yo no haga lo que él cree que debería hacer, igual me sigue creyendo. Eso es fe. No la ausencia de dudas. La decisión de confiar igual.
"Ahora bien, la fe es tener confianza en lo que esperamos, es tener certeza de lo que no vemos."
Hebreos 11:1 · NVIHoy fijate en qué área de tu vida estás esperando una señal para volver a confiar. Un resultado médico, una respuesta de esa persona, un número en la cuenta. Y preguntate: si eso no llega, ¿seguís creyendo igual? No para que te sientas culpable, sino para que detectes dónde tu fe todavía depende de la vista. Ahí es donde Dios quiere entrar. En ese ratito de honestidad, de decirle: no veo nada, pero te creo igual.
La fe no es ciega. Es valiente. Ve lo que el ojo no alcanza. Y vos podés ejercerla hoy, aunque no tengas ninguna señal que te confirme nada.
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