Día 4
Día 4 de 7 8 de octubre

Pedí milagros, pero no dependas de ellos

Te voy a hacer una pregunta que capaz te incomoda un poquito: si Dios no te da ninguna señal esta semana, ¿seguís creyendo igual? Nada de profecía, nada de emoción en el culto, nada de resultado visible. Solo vos, tu Biblia, el colectivo lleno y el precio del kilo de carne. ¿Seguís?

Porque hay algo que estamos haciendo en muchas iglesias que es al revés de lo que dice la Biblia. Estamos enseñando que si Dios está con vos, las circunstancias siempre van a ser favorables. Y cuando vienen los problemas, concluimos lógicamente que Dios no está, que nos falta fe, que algo hicimos mal. Pero eso no es el Dios de la Biblia. Eso es un Dios que nadie inventó. Y cuando llegue el verdadero, no lo vas a reconocer, porque ya te plantaron la imagen de otro.

Mirá, yo digo esto clarito: oramos, pedimos, creemos que Dios hace cosas extraordinarias. ¿Los milagros existen? Sí. ¿Los buscamos? Sí. Pero no podemos fundamentar nuestra fe en eso. ¿Por qué? Porque los milagros también pueden ser dudosos. Otras religiones también testifican milagros. Los budistas, los musulmanes, todos tienen sus testimonios. Entonces si mi fe descansa en el milagro, ¿cómo sé que es el Dios verdadero el que actúa?

Y después está esto, que es lo que más me pega: los dones te pueden levantar el ego hasta el techo. El don de predicar, el don de sanar, el don de lo que sea, puede hacer que te sientas el más ungido del barrio. Pero la longanimidad, el sufrimiento sostenido en fe, ese te destrona. Ese mata tu yo. Llorás a la noche, te sentís nada, y aun así seguís. Eso no cotiza en ninguna red social. Pero eso es lo que más se le parece a Cristo.

"Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. En cambio, Jesús no confiaba en ellos porque los conocía a todos;"

Juan 2:23–24 · NVI

¿Sabés qué preferiría la gente: el don de levantar muertos o el fruto de la paciencia? Te lo juro que la mayoría elegiría levantar muertos. Porque la paciencia implica esperar algo que uno anhela y no llega. Híjole, no, mejor el don espectacular. Y yo lo entiendo, hermano, lo entiendo. Pero pensá en los diez leprosos. Los diez se sanaron. Milagro total, completo, verificable. ¿Cuántos volvieron a agradecer? Uno. Uno solo. Los diez recibieron el milagro, pero uno se salvó. El milagro no fue la puerta a la fe genuina. La fe genuina ya estaba antes, y por eso volvió.

II Versículo

"Me explico: el mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios."

1 Corintios 1:18 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Esta semana, cuando pedís algo a Dios, agregá una cláusula interna, no para él sino para vos: si no llega, igual te creo. No como resignación. Como declaración de fe. Y fijate si podés elegir un fruto del Espíritu para cultivar esta semana, uno de los que no te van a dar ni un like: la paciencia, la longanimidad, la mansedumbre. Esos son los que más te cambian por dentro, y los que menos ruido hacen afuera. Podemos ir por ahí juntos.

Pedí el milagro. Pedilos todos. Pero no pongas tu fe ahí. Ponela en Cristo. Que si no viene el milagro, vos seguís de pie. Eso es fe. Lo otro es religión.

Emilio
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