Día 5
Día 5 de 7 9 de octubre

Morite un poquito y fijate qué pasa

Te cuento algo que me pasó en consejería una vez. Vino un matrimonio, los dos con sus razones, los dos con sus versículos, los dos con sus heridas. Y en un momento ella se voltea y le dice al marido, delante mío: «Morite». Así, clarito. Y yo le dije, «Hermana, ese es exactamente el consejo que le iba a dar. A los dos». Nunca más me pidieron consejería. Pero me cruzó la mujer después y me dijo: «Cada vez que venía con vos me decías morite, y cuando lo hacía se solucionaba el problema». O sea, había sido que el consejo era bueno.

Esta semana estuvimos dando vueltas alrededor de lo mismo desde ángulos distintos. El lunes hablamos de los tres grupos. El martes, de creer sin ver. El miércoles, de que el mundo te da más y te deja vacío. El jueves, de pedir milagros sin depender de ellos. Y todo eso tiene un eje. Un solo eje. La muerte del yo.

Mirá, Gálatas 2:19 y 20 lo dice sin rodeos. Pablo escribe: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí». No es metáfora poética para el cartel de la iglesia. Es una declaración de identidad. Pablo dice: yo me morí. Lo que caminaba por ahí con mi nombre, mis planes, mis expectativas, mis derechos, mi orgullo, eso se crucificó.

Y el que queda no es un zombie. Es alguien que vive, pero vive de otro combustible. «Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». O sea, no es que desaparecés. Es que empezás a funcionar con otra fuente.

Ahora, el problema es que nadie te vendió esto como un producto atractivo. El religioso te vende milagros. El motivador te vende versiones mejoradas de vos mismo. El mercado espiritual de hoy te vende que Dios te va a potenciar, que vas a ser más vos, más realizado, más exitoso, más todo. Y la Biblia dice exactamente lo contrario. Dice que la fórmula es que vos te mueras. Que el que pierde su vida la halla. Que el que se humilla será exaltado. Eso no tiene adherentes masivos, te lo juro. Pero funciona.

En la Conmebol, una vez, me pidieron que dijera unas palabras de bendición. Yo entré a ese salón, hermano. Las copas, los futbolistas, los empresarios, la fama. Todo explotado de vanidad. Y oré, y lo único que el Señor me puso en el corazón fue esto: Dios ama al humilde y desecha al orgulloso. Eso dije. Nada más. Y cuando salí, vino Óscar Ruggeri y me dijo: «Pastor, estás loco. Si acá lo único que hay es orgullo y vanidad, le diste con todo». Y yo pensé: la palabra de Dios no vuelve vacía. No importa el auditorio. No importa si van a aplaudir o no. Algo hace siempre.

II Versículo

"Yo, por mi parte, mediante la Ley he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí."

Gálatas 2:19–20 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de que empiece el fin de semana con todo su ruido, buscá una sola cosa donde tu yo esté peleando por el control. Un vínculo, una conversación pendiente, una ofensa que todavía guardás. Y hacé lo que parece ridículo: morite ahí. No des el argumento que tenés razón de dar. No mandes el mensaje que tenés derecho a mandar. Cedé no porque seas débil, sino porque Cristo vive en vos y Él sabe hacer eso mejor que vos. Probalo un día. Un solo día. Y fijate qué pasa.

La muerte del yo no es derrota. Es la única puerta de entrada a una vida que vale la pena. Cristo no te pide que seas menos. Te pide que dejes de ser el centro para que Él pueda ser todo.

Emilio
26
0
2

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

4 min