Día 6
Día 6 de 7 10 de octubre

La señal que no te va a convencer

Dieciséis millones de personas vieron ese video del granizo. Dieciséis millones. Y la mayoría se acordó de insultar o de explicar el fenómeno meteorológico. Nadie en el medio se detuvo a pensar: ¿y si la Biblia tiene razón? Yo bloqueé como trescientas personas y en un momento me rendí, no me dio el cuerpo para más. Pero me quedé pensando en algo: dieciséis millones de personas vieron una señal. Y la mayoría no creyó nada. ¿Eso te dice algo?

Porque eso es exactamente lo que Jesús advirtió. Los que solo creen cuando ven señales, no tienen fe. Tienen una emoción temporaria. Juan 2:23 y 24 lo dice clarito: muchos creyeron en su nombre viendo las señales que hacía. Suena bien, ¿no? Creyeron. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos. ¿Por qué? Porque conocía todo. Sabía que esa fe era una fe de circunstancia. Cuando no haya milagro, se va. Cuando no caiga granizo del tamaño de una pelota de tenis, se va.

Ahora, ojo, no te estoy diciendo que la señal no sirve para nada. Me parece que dieciséis millones de personas que vieron ese video quedaron advertidas de algo. Algunos van a recordarlo cuando las cosas se pongan más serias. La semilla cae. Pero la señal sola no te salva. La señal puede abrirte una puerta, pero vos tenés que cruzarla por fe, no por impacto emocional.

Y acá está el problema real: la iglesia de hoy, en muchos sectores, construyó toda su arquitectura sobre las señales. Si el culto tuvo mucha unción, Dios estuvo. Si no hubo emoción, algo falló. Si me sanaron, creo. Si no me sanaron, dudo. Y así vivís en una montaña rusa espiritual donde tu fe sube y baja según lo que sientas el domingo. Eso no es fe, hermano. Eso es sensación. Y las sensaciones son muy traicioneras.

Juan el Bautista, que según Jesús fue el más grande de todos los nacidos de mujer, en un momento emocional dudó. Estaba en la cárcel, tenía treinta años, y le mandó a preguntar a Jesús si era el que había de venir o si esperaban a otro. ¿Y qué le respondió Jesús? Le mandó a decir lo que estaba haciendo. Y después agregó algo que a mí me pega fuerte: «Bienaventurado el que no halle tropiezo en mí». O sea: feliz el que me sigue creyendo aunque yo no esté haciendo lo que él esperaba que hiciera.

"En efecto, vivimos por fe, no por vista."

2 Corintios 5:7 · NVI

Pensá en los diez leprosos. Los diez se sanaron. Milagro completo, clarito, verificable. ¿Cuántos volvieron a dar gracias? Uno. Los diez vieron la señal. Uno se salvó. La señal no garantiza la fe. La señal puede tocar tu piel y no tocar tu corazón. Y la Biblia no tiene ni un solo milagro registrado de Juan el Bautista. Ninguno. Y Jesús dijo que no hubo nadie mayor. O sea que el tamaño espiritual de una persona no se mide por los milagros que hace ni por los que recibe. Se mide por otra cosa.

II Versículo

"Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. En cambio, Jesús no confiaba en ellos porque los conocía a todos;"

Juan 2:23–24 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy es sábado. Día de descanso, de familia, de que la semana se asienta un poco. Aprovechá ese silencio para preguntarte honestamente: ¿en qué estoy poniendo mi fe esta semana? ¿En lo que Dios prometió en su palabra, o en lo que espero que pase el domingo en el culto? No es lo mismo. Si tu fe está bien solo cuando hay señales, hoy es un buen día para afianzarla en algo que no cambia: lo que Dios dijo. Leé un versículo, uno solo, y quedate con él. Sin música, sin emoción extra. Solo la palabra. Y confiá.

Las señales pasan. La palabra de Dios no pasa. Vos podés ver granizo del tamaño de una pelota de tenis y seguir sin creer. O podés no ver nada, leer una sola línea de la Biblia, y que te cambie la vida. La diferencia no está en la señal. Está en vos.

Emilio
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