Día 4
Día 4 de 7 24 de septiembre

La piedrita en el zapato que nunca dijiste

Agosto del 2013. Tu pareja te dijo algo, vos no dijiste nada, pasaste la página, la vida siguió. Hoy es septiembre de 2026 y ahí sigue esa piedrita. No duele todo el tiempo, pero cuando caminás un rato largo, la sentís. Y si alguien te pregunta cómo están, decís 'bien'. Porque ya ni recordás cuándo empezó a molestar.

Hay una frase que me parece de las más honestas que existen, y casi nadie la dice: 'Yo me olvidé, pero vos no te olvidaste.' Así no más. Vos te olvidaste de lo que hiciste. Ella no se olvidó. Él no se olvidó. Y ahí está el quiebre.

Cuando tapamos en vez de hablar, la basura no desaparece. Se entierra. Y lo enterrado fermenta. Y un día, por cualquier motivo tonto, por la forma en que alguien puso un vaso sobre la mesa, salta todo lo que estuvo guardado durante años.

Dice la palabra de Dios en Amós: '¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?' La respuesta obvia es no. Pero nosotros hacemos algo más creativo: caminamos juntos haciendo como que estamos de acuerdo, y cada uno lleva su lista personal de agravios en el bolsillo. Bien doblada, bien guardada. Y la lista crece.

Ahora, ojo, no te estoy diciendo que cada incomodidad merece una conversación de tres horas. Eso también es un problema. Hay gente que convierte cada microdisgusto en una agenda terapéutica y eso cansa. Pero hay cosas que sí necesitan ser dichas. Y no las decimos porque es incómodo, porque tenemos miedo de la reacción del otro, porque preferimos la paz falsa a la verdad que libera.

El lema de este año en la iglesia es ese: la verdad os hará libre. Y a veces la verdad es tan sencilla como decirle a alguien: 'Eso que pasó me dolió y todavía lo siento.' No como acusación. Como honestidad. Porque los heridos que dejamos atrás, tapados con una sonrisa, son los que explotan en el peor momento posible.

"y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres."

Juan 8:32 · NTV

Conozco un matrimonio, no voy a dar nombres obvio, que llevan más de diez años juntos. Buen matrimonio, en serio. Pero hay una decisión que él tomó hace varios años, creo que fue en el 2014 o 2015, no me acuerdo bien, una cosa de plata, un préstamo o algo así, que ella no quería. Él lo hizo igual. Y nunca se habló de verdad. Hoy, cuando discuten por cualquier otra cosa, eso aparece. No como argumento. Como temperatura. Como ese tono que dice 'ya sé cómo terminan las cosas cuando decidís vos solo.' Y el otro no entiende bien por qué la discusión escaló tan rápido. Bueno, eso es lo que pasa cuando dejamos heridos atrás. No se van. Se instalan.

II Versículo

"¿Pueden dos caminar juntos sin estar de acuerdo adonde van?"

Amós 3:3 · NTV
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¿Qué hacés con esto?

Hoy el ejercicio es uno solo y tiene nombre: identificá una conversación que venís postergando. En tu familia, en tu matrimonio, con un hijo, con alguien de la iglesia. Una sola. No hace falta que sea perfecta. No hace falta tener todas las palabras. Podés empezar con algo tan simple como: 'Hay algo que tengo ganas de hablar con vos, ¿tenés un ratito?' Y si la otra persona también tiene algo guardado, que salga. En amor, sin acusaciones, sin listas de cargos. Simplemente con la voluntad de caminar juntos de verdad y no con piedras en los zapatos. La sanidad del tejido relacional, en tu familia, en tu iglesia, empieza con eso. Con alguien que tenga el coraje de decir la verdad primero.

Las relaciones que funcionan no son las que nunca tuvieron conflictos. Son las que aprendieron a hablarse. Sacate la piedrita del zapato hoy. La verdad incomoda un momento. El silencio daña para siempre.

Emilio
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