Día 2
Día 2 de 7 22 de septiembre

Sos amado. Arrancá de ahí.

Antes de hablar de lo que tenés que hacer, Pablo dice algo sobre lo que sos. 'Hermanos míos amados.' Amados. Con un amor incondicional, sin cláusulas, sin lista de méritos. Y eso no es un saludo de cortesía. Es el fundamento de todo lo que viene después.

Cuando una persona, una familia o una iglesia pierde el rumbo, lo primero que aparece es la crítica. La distancia. El 'yo estoy con la verdad y el otro está equivocado.' El victimismo. Nadie se reconoce en el espejo cuando tiene razones para no mirarse.

Y Pablo sabe eso. Por eso antes de decirles 'estad firmes', les dice 'amados'. Porque si no arrancás de ahí, todo lo demás es voluntad propia, y la voluntad propia se agota.

Escuchame bien. La palabra que usa Pablo acá es agapetos. Amados con un amor incondicional. No te ama porque te portaste bien esta semana. No te ama porque serviste, porque diste, porque no fallaste. Te ama porque sos suyo. Y ese amor es el que te devuelve la identidad cuando la perdiste.

Ahora, el desánimo hace algo muy específico: te convence de que Dios se olvidó de vos. Te susurra que tu esfuerzo no vale nada, que nadie lo nota, que hasta Dios está mirando para otro lado. Y en ese estado empezás a compararte, a resentirte, a mirar al otro con desdén.

Estuve leyendo sobre un estudio con matrimonios. Un investigador judío descubrió que la emoción más dañina en una relación no es la rabia ni el enojo. Es el desdén. Ese gesto imperceptible de 'yo soy mejor que vos'. Ese microgesto que no se dice pero se siente. Y cuando aparece ese desdén, el tipo podía predecir el divorcio con años de anticipación.

Eso mismo pasa en la iglesia, en la familia, en el corazón. Cuando te creés mejor que el otro, ya empezaste a romper algo. Y el remedio no es esforzarte más. Es volver a saber que sos amado. Que el otro también es amado. Que ninguno está parado sobre sus propios méritos.

"Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado."

Romanos 5:5 · NVI

Una vez un amigo me llamó llorando. Me dijo: 'Emilio, me voy a suicidar. Ahora.' Le dije: 'No sé si voy a llegar a tiempo, pero voy.' Llegué. Estuvimos una hora y pico hablando, escuchándolo, orando. Y en un momento me dijo: 'Nadie me ama.' Me dijo eso en serio, convencido. Y yo le dije: 'Hijo de tu madre, nadie te ama y yo dejé todo para estar acá.' Le enumero: este hermano que está acá también, tu familia, gente que te llama. 'No, pero tal persona no...' Le digo: 'Pará. Vos tampoco te portaste muy bien que digamos, ¿no?' Se quedó callado. Y ahí empezó a moverse algo. No porque le di una fórmula. Porque alguien se quedó con él y le habló la verdad con amor. Esa noche no tomó una decisión basada en un impulso emocional de diez minutos. Y hoy sigue acá.

II Versículo

"Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano."

1 Corintios 15:58 · NVI
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¿Qué hacés con esto?

Hoy el ejercicio es sencillo y difícil al mismo tiempo. Antes de salir de donde estás ahora, decite esto en serio, no como frase: soy amado. No porque lo sentís. Porque la Palabra lo dice. Y después pensá en una persona con quien tenés distancia, resentimiento o desdén. No te pido que la llames hoy ni que resuelvas todo. Te pido que reconozcas que esa persona también es amada por Dios. Que no es tu competidor. Que el desdén que quizás sentís hacia ella es exactamente lo que Pablo está atacando cuando dice 'hermanos amados'. Somos una familia. No un club, no una empresa, no un grupo de gente que comparte gustos. Una familia. Y en las familias que funcionan, la base no es el mérito. Es el amor.

Antes de ser constante, antes de ser firme, antes de crecer, sos amado. Arrancá de ahí hoy. Todo lo demás viene después.

Emilio
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