Tu trabajo se está registrando
A ver, pregunta honesta: ¿cuántas veces hiciste algo bien y nadie lo notó? Limpiaste, serviste, llegaste temprano, pusiste plata, oraste por alguien que ni sabe que oraste por él. Y el mundo siguió girando como si nada. Y vos ahí, pensando: ¿para qué?
El enemigo es muy mañero en ese punto. Muy mañero. Espera exactamente ese momento —cuando estás cansado, cuando nadie dijo gracias, cuando el esfuerzo no rindió frutos visibles— para susurrarte al oído: nadie nota lo que hacés. Estás perdiendo el tiempo. Dejá de servir, total a nadie le importa.
Y si no tenés los cimientos bien puestos, ese susurro te convence. Así no más.
Ahora, Pablo no le escribe a gente que la estaba rompiendo. Le escribe a los corintios, que eran un desastre relacional, un quilombo doctrinal, una iglesia que hacía agua por todos lados. Y aun así les dice: su trabajo en el Señor no es en vano. No dice 'si lo hacen bien'. No dice 'si los resultados acompañan'. Dice: no es en vano. Punto.
O sea, el criterio de recompensa no es el resultado visible. Es la fidelidad. Y eso cambia todo, porque estamos acostumbrados a medir por lo que se ve. El hermano que tocó en el equipo de alabanza diez años y nadie le agradeció. La mujer que sirvió en el jardín de infantes de la iglesia domingo tras domingo y un día dejó de estar y nadie preguntó dónde fue. El que ofrendó en silencio, el que abrió la puerta, el que limpió el baño.
Dios no es deudor de nadie. Eso no es un slogan. Es una promesa con peso eterno.
Y escuchame bien: hay una diferencia enorme entre hacer las cosas para que te vean y hacerlas porque sabés que hay alguien que sí ve. El primero se agota rápido. El segundo tiene una reserva que no se vacía.
Esta semana fui a visitar a un hermano enfermo. Va para largo la situación, no es algo que se resuelve en dos días. Y le pregunté, así de frente: ¿te vinieron a ver los muchachos? Me miró y me dijo, la verdad que no, pastor. No vinieron.
Y yo me quedé callado un momento, porque eso duele. Y le dije: primero, está mal que no vengan, y voy a hablar con ellos. Pero escuchame una cosa, fulano. Dios no te va a recompensar la gente. Todo lo que vos serviste en esa iglesia, cada vez que abriste la puerta, cada vez que pusiste una silla, cada vez que intercediste en secreto, es Dios quien lleva la cuenta. No yo, no los muchachos. Él.
Y el tipo se quedó en silencio. Y después me dijo: pastor, eso me alcanza.
"Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano."
1 Corintios 15:58 · NVI¿Qué hacés con esto? Hoy, antes de que el día arranque, hacé un inventario rápido. No de lo que no hiciste, sino de lo que sí hiciste esta semana que nadie notó. Y en vez de resentirlo, entregáselo al Señor. Decile: esto lo hice para vos. Que sea tuyo. Y si hoy tenés la oportunidad de agradecer a alguien que sirvió en silencio, hacelo. Mandá un mensaje. Llamá. Decile que lo que hace se nota. Porque nosotros también somos la forma en que Dios recompensa a los suyos acá en la tierra, a veces.
Servimos a un Dios que ve en secreto y recompensa en público. Lo que hiciste esta semana, aunque nadie lo registró, está anotado en otro lado. Seguí. No aflojés todavía.
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