Día 7
Día 7 de 7 17 de mayo

No es lo que decís. Es lo que sos.

Toda la semana estuvimos dando vueltas alrededor de la misma verdad. Desde el lunes con la gracia que no se gana, el martes con los demonios que también creen, el miércoles con la fe que se prueba, el jueves con el hombre que empató de inconverso a creyente, hasta el viernes y el sábado con la fe viva que produce. Todo apunta a lo mismo: no importa lo que decís. Importa lo que sos.

Escuchá bien, gente. Esto no es un tema teológico para debates de seminario. Esto es lo más práctico que existe. Porque cada uno de nosotros va a pararse un día delante de Dios. Cada uno. Y en ese momento no va a importar cuántos años fuiste a la iglesia. No va a importar si levantabas las manos o si sabías de memoria Efesios 2:8-9. Va a importar si hubo algo real adentro tuyo. Va a importar si hubo una fe genuina que produjo una vida diferente.

Ahora, hermano, mirá lo que dice Jesús mismo. "Si me aman, guarden mis mandamientos." No dice: "Si me aman, vengan todos los domingos." No dice: "Si me aman, pongan el pescadito en el auto." Dice: guarden mis mandamientos. Eso es amor demostrado. Eso es fe viva.

Y acá hay algo que el pastor deja muy claro y que quiero remarcarlo porque es importante: esto no es para vivir con terror espiritual. No es para pasarte el día analizando cada acción tuya para ver si "seguís salvo". Eso es otro extremo que no funciona. La madurez espiritual no es vivir con miedo al castigo. Es vivir por amor. Como el hijo de 35 años al que el padre le presta el auto sin darle mil consejos. Ya es maduro. Ya sabe. Ya ama.

El que vive bien por miedo al infierno está en el mismo problema que el que vive mal porque cree que la salvación no se pierde. Los dos tienen el corazón mirando al lugar equivocado. El corazón tiene que mirar a Cristo. No al infierno, no a la salvación como garantía de libertinaje. A Cristo. "Pon tu mirada en Cristo", dice la canción. Y no es poesía. Es instrucción.

Entonces, ¿qué hacés con toda esta semana? ¿Qué hacés con la gracia del lunes, con la fe genuina del martes, con la prueba del miércoles, con la coherencia del jueves, con el fruto del viernes, con el omelet del sábado? Lo juntás todo y te hacés una sola pregunta: ¿hay algo real adentro mío? No perfecto. Real. Y si lo hay, Dios lo va a hacer crecer. Y si no estás seguro, hoy es el mejor día para pedirlo.

"Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta."

Santiago 2:26 · NVI

"Si me amáis, guardad mis mandamientos."

Juan 14:15 · NVI

El pastor menciona al pastor Johma Macardo, un hombre al que quería y del que aprendía, que dijo algo que se le quedó grabado: "Uno de los motivos por los cuales ya me quiero ir al cielo es porque estoy cansado del pecado. Del mío y del de la gente." Hermano, eso no es desesperanza. Eso es madurez espiritual. Eso es alguien que puso los ojos en Cristo de verdad y ya no soporta la distancia entre lo que ve en él y lo que ve en el mundo y en sí mismo. Esa tensión santa, esa incomodidad santa, es señal de fe viva. No de fe muerta. El muerto no siente nada. El vivo siente todo.

II Versículo

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."

Efesios 2:8–9 · NVI
⁕ ⁕ ⁕
¿Qué hacés con esto?

¿Qué hacés con esto hoy, domingo? Tres cosas concretas, hermano. Primera: si nunca tuviste un momento real con Cristo, no una emoción de culto sino una rendición genuina, hoy es ese día. No hace falta ceremonia. Hace falta honestidad. Segunda: si sos creyente de años y tu vida no cambió en nada, no te escondas en la teología. Pedile a Dios que haga algo real adentro tuyo. Que no se quede en declaración. Que se convierta en vida. Y tercera: si estás caminando, si hay fruto aunque sea imperfecto, si hay algo diferente en vos comparado con quien eras antes, no lo des por garantizado. Agradecelo. Decile a Dios: "Por la gracia de Dios soy lo que soy." Como Pablo. Esa es la postura correcta. Ni jactancia ni terror. Gratitud y dependencia. Es así. Es así.

Esta semana arrancamos con un regalo que no te ganaste y terminamos con una pregunta que no podés ignorar: ¿hay algo vivo adentro tuyo? La gracia que te salvó es la misma gracia que te transforma. La fe que te justificó es la misma fe que produce vida distinta. No son dos cosas. Es una sola, hermano. Una sola fe viva. Pon tu mirada en Cristo. Y dejá que eso cambie todo lo demás.

Emilio
17
0

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Tu comentario será revisado antes de publicarse.

5 min