No te ganaste el cielo. Te lo regalaron.
El 90% de la gente, creyente o no, piensa que al cielo se llega portándose bien. Y esa idea, es una de las más peligrosas que existe. Porque suena razonable, suena justa, y está completamente equivocada.
Salí a la calle y preguntale a quien quieras, católico, evangélico, ateo, no importa. Preguntales cómo se va al cielo. La respuesta casi siempre es la misma: siendo buena persona, haciendo más bien que mal, siendo buen padre, buena madre, buen ciudadano. Algunos hacen el cálculo: si el balance da positivo, te vas al cielo.
Y lo más sorprendente no es que lo diga el vecino de la esquina. Lo sorprendente es que lo diga alguien que lleva 20 años yendo a la iglesia. Eso pasó de verdad. Una mujer, creyente de años y años, le dijo al pastor algo así: "Yo me he de ganar el cielo por todo lo que luché, por cómo crié a mi hijo."
Eso no es el evangelio. Eso es religión humana disfrazada de fe cristiana.
Ahora, ¿qué dice la Biblia? Efesios 2:8-9 lo dice clarito, sin vueltas: somos salvos por gracia, por medio de la fe. No por obras, para que nadie se jacte. Nadie va a poder pararse delante de Dios y decirle "me lo merezco". Nadie. Ni vos, ni yo, ni el más bueno del barrio.
La gracia es un regalo. Un regalo no se gana, no se negocia, no se merece. Si pusiste aunque sea un peso para comprarlo, ya no es regalo, es transacción. Eso dice Pablo. Eso dice la Biblia que está en cualquier Biblia, católica o evangélica. Ahí lo leés y decís: cerrado el debate.
Pero entonces, ¿para qué vino Cristo? ¿Para qué murió en la cruz si bastaba con portarse bien? Si la salvación fuera por obras, Dios desde el cielo nos podría haber dicho: «El que tiene más positivo que negativo, pase». Punto. ¿Por qué se humilló, vino a la tierra, sufrió el vilipendio, el escupitajo, la cruz? ¿Por qué? Porque nosotros no podíamos. Porque somos pecadores. Porque ni por más que quisiéramos, somos como pingüinos que quieren volar. Por más que se esfuercen, no van a poder. No estamos hechos para la perfección.
Él tomó tu lugar en el castigo. Vos tomaste, por gracia, el lugar de victoria que él tenía. Eso es el evangelio. No es lo que hiciste vos. Es lo que hizo él.
""Para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.""
Tito 3:7 · NVIPensá en esto: si te digo "te regalo una camioneta de 100 mil dólares" y después te pido que pagues mil, ¿te la regalé? No. Te la vendí baratísimo, pero no te la regalé. Pusiste algo, así sea poco, y ya no es regalo. Así funciona la gracia. O es completamente gratuita, o no es gracia. No hay término medio. Es así. Es así.
""Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se jacte.""
Efesios 2:8–9 · NVIHoy, antes de hacer nada, preguntate honestamente: ¿en qué estoy poniendo mi confianza para estar bien con Dios? ¿En lo que hago? ¿En lo bueno que soy? ¿O en lo que Cristo hizo? No es una pregunta para responder en voz alta. Es para responderte a vos mismo, en silencio, con honestidad. Si descubrís que en algún rincón de tu corazón seguís pensando que te lo ganaste, llevá eso a Dios hoy. Decile: "Señor, entiendo que no puedo hacer nada para merecer esto. Lo recibo como regalo." Hacelo así de simple.
No te ganaste el cielo. Te lo regalaron. Y esa es, justamente, la mejor noticia que existe. No depende de vos. Depende de él. Y él ya lo hizo.
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